¡Cuidado! Troll a la vista...

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Entramos en la fase de la "Blackmirrización" de la política. Sí, ya sé que no existe esa palabra, tampoco existe la "Westworldización" de la política, pero el ejemplo de ambas series nos sirve para marcar algo que vino para quedarse. Por el Licenciado Rodrigo Romero Bazterrica

 

A raíz de un video que se viralizó en redes sociales en los últimos días, una persona que mientras maneja (sin barbijo y sin cinturón) le va hablando a un celular y despotrica contra el país, el gobierno de Alberto Fernández y varias cosas más que no resisten análisis alguno, es que me propuse incorporar el concepto de la "Blackmirrización" de la política. Sí, ya sé que no existe esa palabra, tampoco existe la "WestWorldización" de la política, pero el ejemplo de ambas series nos sirve para marcar algo que vino para quedarse y de lo que tenemos que estar muy atentos como sociedad.

Comencemos con un poco de historia moderna y en una improvisada línea de tiempo tratemos de buscar el inicio de algo que todos conocemos: los trolls. Qué son, cómo se mueven, qué buscan, son algunas de las preguntas que ya tienen respuestas, pero que no están de más volver a contestarlas ya que el concepto mutó como en los mejores capítulos de Black Mirror, de Westworld, o hasta de la icónica Matrix de las ahora hermanas Wachowski.

Los trolls, los usuarios falsos, o cómo te guste llamarlos se mueven en manada y suelen tener roles preponderantes a la hora de la configuración de lo discursivo en el ámbito digital. Suelen generar tendencias, suelen direccionar conversaciones, suelen proponer enemigos e ir por ellos, suelen copar la parada para tratar de instalar un pensamiento único. Siempre de malos modos y reproduciendo la misma lógica discursiva: la dicotomía entre los vagos que no quieren trabajar y reciben asistencialismo del estado y ellos que son los que se rompen el alma por el país.

La base de su esquema es la política del odio, entendiendo al odio como motor, reproducen el odio de clase, el odio al país, el odio a las instituciones, el odio a las personas que habitan el suelo argentino. Este discurso del odio político opera haciendo que el señalado como enemigo sea el origen de todos los males y simplifica la política hasta reducirla a un único problema. El lunes es el negro, el martes es el extranjero, el miércoles es el cabeza, el jueves las feministas, el viernes los zurdos, el sábado los dos PBI que se robaron (con el tiempo bajó a uno y hoy se devaluó tanto que estamos en medio), el domingo Cristina.

 

 

Ya en marzo del 2018 Amnistía Internacional marcaba, en un informe realizado en Argentina, sobre el roll de los trolls en Twitter que: “hay ataques a posiciones críticas que constituyen un preocupante agravio contra el derecho humano a la libertad de expresión y que configuran un riesgo para la convivencia democrática”.

Del estudio, en donde se analizaron 354.000 tuits correspondientes al lapso del 22 de octubre de 2017 al 14 de noviembre de 2017, se advierte que: "en la Argentina la información crítica, así como la defensa de derechos humanos, están expuestas en los últimos tiempos a ataques en redes sociales digitales que en muchos casos son coordinados y buscan inhibir la expresión de perspectivas plurales y limitar la circulación de opiniones diversas sobre temas cardinales del espacio público".

De esto también habla Natalia Aruguete en su análisis del caso Santiago Maldonado, cómo con insultos y agravios, buscaron contener el enojo social que siguió a la desaparición forzada de Santiago Maldonado y enturbiar la comunicación de la investigación en las redes sociales. A su vez, marca como espacio paradigmático a "Twitter" y muestra en números  como en el período que va desde el 1° de agosto, momento en que desapareció, hasta el hallazgo de su cuerpo en las aguas del Río Chubut, el 19 de octubre, más de 7,5 millones de tuits incluyeron el nombre de Santiago Maldonado. Si bien millones de estos mensajes pidieron aparición con vida. Otros tantos, sin embargo, se dedicaron a insultarlo, maldecirlo, maltratarlo y responsabilizarlo por su desaparición. La estrategia política en las redes fue consistente con las versiones que circularon en los medios masivos de comunicación, donde se pasó del silencio inicial a la saturación de noticias descontextualizadas, episódicas y dramatizadas.

 

 

No es nuevo que argentina vive en una profunda grieta política, que dicha grieta se intensifica y se disputa 24x7 en las redes sociales, lo que tampoco es nuevo es que éste fenómeno sólo se da en nuestro país. No por nada desde hace un tiempo a esta parte Twitter está tomando cartas en el asunto, se dio cuenta que cuanto más alborotada tenía la granja, peor era su producto, menos seriedad transmitía, menor valor poseía. Comenzó eliminando usuarios sin uso, ajustó sus políticas de privacidad, le dio la posibilidad a los usuarios verificados de controlar quienes le podían comentar sus tuits. En fin, si nos mantenemos analizando el fenómenos en código de series y películas el ejemplo del agente Smith en la película Matrix, encaja perfecto: comienza solo dándose cuenta del daño que puede causar, comienzan a proliferar otros agentes, infecta la matrix y para cuando termina la batalla con Neo, queda solo.

Sin ir más lejos, Facebook también está llevando adelante una política de limpieza, Cambridge Analytic interpeló a Mark de tal manera que no sólo tuvo que bajar el ruido comunicacional generado por perfiles falsos, sino también tuvo que salir a transparentar diversos procesos que se estaban dando dentro de su plataforma como por ejemplo mostrar los cambios históricos de nombres de las Fan Page y que posteos son pagos, entre otras cosas.

Ahora bien, te propongo que pensemos cuál fue el desarrollo histórico que tuvieron los trolls para entender en qué estadío de su existencia nos encontramos: nacieron en las redes sociales y durante años atacaron a diestra y siniestra a todo aquel que no tuviera su particular forma de ver al país. Con el tiempo desarrollaron voz vía mensajes de audio en Whatsapp, quien no recibió alguna vez ese audio en donde la mujer le contaba a la amiga que ella misma había visto cómo "alguien" cobraba 50.000, 60.000, 140.000 pesos de AUH, de todo lo que ella tenía que trabajar para poder llegar a ganar esas cifras, de que lo cobran bolivianos, paraguayos y que por todas esas cosas este país nunca va a salir adelante. Y a partir del video de esta persona manejando y repitiendo los mismo latiguillos llenos de odio, homofobia, fake news y demás, vemos que ya están en la instancia de ser una persona de carne y hueso que maneja, que invierte en el país, que quiere progresar y no lo dejan, que los vagos, que el asistencialismo, que lavar copas en España.

Los trolls dejaron de ser usuarios perdidos en Twitter, @atlanticsurff con mas de 170.000 seguidores o el que se les ocurra, para pasar a ser una persona de carne y hueso. Como escribí en su momento respecto del COVID-19, hoy los trolls ya comenzamos a verlos en un vecino, en un primo, en una amiga, en una madre, en un novio, en Baby Etchecopar, en Fernando Iglesias.

¡Spoiler Alert!

Para los que hayan visto la serie "Westworld", de la cadena estadounidense HBO, van a poder distinguir de manera más fácil la metáfora que estoy planteando. Un micromundo compuesto por personas, androides y una historia que bien podría ser Twitter y sus componentes, dentro de un mundo real donde hasta lo que sabíamos sólo había humanos. Pues bien, como pasa en la mitad de la primera temporada de la serie, vemos que comenzó a pasar en la vida real. Los trolls están entre nosotros.

En fin, en un momento donde se encuentra completamente dañada la democracia, los medios pasaron de informar a ser una usina de Fake News y los trolls ya son de carne y hueso. Es hora que el Estado, las compañías de redes sociales y las diversas organizaciones civiles tomen cartas en el asunto de manera rápida y efectiva. Por el bien de la república, de la política y de todos nosotros.