Bolsonaro y Macri en modo destrucción

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El presidente de Brasil trabajó a destajo para desmantelar su país y con el mismo impulso desmembrar el Mercosur. Desde la jefatura de gobierno se impulsa una iniciativa que se basa en un proyecto que busca decretar el fin de la protección a las industrias del mercado común del sur en el mes de diciembre ¿Será el mes que comenzaremos a ver el principio del fin del Mercosur?. Nota de opinión de Alejandro Marco del Pont.

 

Por Alejandro Marco del Pont

Desmantelar el Mercosur, como dice Ricardo Aronskind en El Coehete a la Luna, “sería su aporte a la desintegración regional y al debilitamiento de la soberanía de todos nuestros países”. La idea, entonces, podría resumirse como una avanzada liberalizadora unilateral del Mercosur, la herramienta es la reducción del 50% del Arancel Externo Común (AEC), con el obvio apoyo del saliente presidente argentino.

Analicemos un poco el AEC que se aprobó en Ouro Preto en el año 1994. La idea original del diseño de los aranceles externos del Mercosur se basaba en incrementar la alícuota de gravámenes a los bienes importados de los países fuera del Mercosur. Es decir, poner una muralla a los productos externo con la idea de fomentar la expansión de determinados productos y favorecer a su vez el comercio intrarregional al brindar preferencias de precios entre las industrias de los países miembros.

Según el informe realizado por OCIPEX (Observatorio de Coyuntura Internacional y Política Exterior), el desbaratamiento de los aranceles externos está siendo seguido con marcada preocupación por sectores empresarios de los dos países, de ambos lados de la frontera, quienes alertan sobre el grave costo que podría causar desarmar la estructura arancelaria externa, pero también es inquietante que esta iniciativa sea presentada en la Cumbre de Presidentes del bloque que se celebrará el próximo 5 de diciembre en Bento Gonçalves, Brasil.

Ni el día escogido ni la intención del presidente brasileño obedecen a la casualidad. Pese a que la última Cumbre celebrada en Brasil (2017) tuvo lugar un 21 de diciembre, este año la decisión fue adelantarla a una fecha previa a la asunción del nuevo gobierno argentino, por lo que esta será la última reunión que tenga en su asiento al presidente Mauricio Macri como representante de la Argentina. De esta manera, Bolsonaro pretende condicionar a la futura administración del Frente de Todos imponiendo una agenda regional que, además de avanzar en una revisión del AEC, incluye una flexibilización de la Unión Aduanera para suscribir acuerdos de libre comercio bilaterales, y una reducción de la estructura institucional del Mercosur del 20.

Una parte del gobierno de Brasil quiere dinamitar el Mercosur, y cuenta con el apoyo americano por razones obvias. En un mundo en guerra comercial las restricciones existentes para colocar productos en cualquier mercado del mundo resulta cada vez más complicado, por lo que quitar aranceles a productos externos al Mercosur, beneficiaria a los exportadores tanto de EE. UU. como de la UE que cuentan con una mayor capacidad financiera, productiva, máxime si son trasnacionales, de arremeter sobre un nuevo mercado.

Para darle rigor científico o sustento técnico, Brasil puso en marcha el Grupo Ad Hoc para Examinar la Consistencia y Dispersión del AEC. El 11 de agosto, este grupo presentó una propuesta preliminar de aranceles para cada eslabón del nuevo AEC. Brasil manifestó su voluntad de iniciar la implementación del nuevo AEC el 1° de enero de 2020, y de contar con el total de modificaciones plenamente implementado hacia 2021. El Arancel de Referencia, propuesto en agosto por Brasil para cada uno de los rubros de importación, fue el siguiente:

Ocipex

Como se advierte, la reducción del 50% del AEC se haría casi exclusivamente a expensas de la liberalización del mercado de bienes industriales, quedando los derivados del agro prácticamente con la misma protección que hasta ahora. La baja de aranceles por sector sería del 35% a 12% en el caso de los automóviles, 35% a 4% para autobuses, 12% a 4% para aceros laminados (en un contexto de sobreoferta global); 35% a 12% para textiles y prendas; 31,8% a 12% para calzados; 11,2% a 3,8%  para equipamientos médico-hospitalarios; 10,8% a 4,8% para productos plásticos; 10,4% a 3,7% para productos siderúrgicos, y 12% a 4,2% para máquinas, materiales y aparatos eléctricos.

Un estudio recientemente dado a publicidad por la Confederación Nacional de la Industria (CNI) de Brasil, señala que este reajuste pondría en peligro, solo en Brasil, unos 2,4 millones de puestos de trabajo. Entonces, ¿cuáles son los peligros de esta medida de apertura unilateral y acelerada para las ya golpeadas industrias de la Argentina?

En primer lugar, provocaría prácticamente la pérdida de la preferencia de la que actualmente goza la Argentina en el mercado brasileño, pero también en el uruguayo y paraguayo. Recordemos que según datos del INDEC, en 2018, un 44 % de las exportaciones industriales de Argentina tuvo como destino el Mercosur, y del total de las exportaciones al Mercosur, el 83% son a Brasil. De esta manera, sectores altamente dependientes de sus exportaciones al Mercosur, como el automotor, el textil, el del calzado, plástico, papel y cartón, químicos se verían profundamente perjudicados. Esto último, sumado al hecho que no se modificarían los aranceles para productos agrícolas, profundizaría aún más el proceso de reprimarización de la estructura productiva.

Según la OCIPEX, la liberalización unilateral y acelerada del Mercosur, con eje en el sector industrial, se enmarca dentro del viraje hacia el agronegocio iniciado por Bolsonaro, que encuentra en la bancada ruralista uno de sus principales punto de apoyo político. Su implementación en el actual contexto que atraviesa la industria argentina, con 16 meses consecutivos de caída de la producción y del uso de la capacidad instalada, no sería menos que un golpe de muerte para cualquier posibilidad de recuperación. Amén de la postura que adopte la administración entrante, la cual ya padece los embates y amenazas del actual gobierno de Brasil, es fundamental que las cámaras industriales y las organizaciones sindicales asuman una actitud contundente de rechazo a estas medidas y estar atento a las determinaciones del 5 de diciembre por parte del presidente argentino.