Día Mundial de la Diabetes: Números alarmantes

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Expertos de un centro del CONICET publicaron nuevos hallazgos en la búsqueda de tratamientos contra este importante problema de salud pública

 

“La perspectiva es muy negra si no cambiamos la actitud frente a la enfermedad”, sentencia Luis Flores, investigador del CONICET en el Centro de Endocrinología Experimental y Aplicada (CENEXA, CONICET-UNLP- asociado a CICPBA), en relación a los números de la última Encuesta Nacional de Factores de Riesgo (2018), según los cuales la diabetes alcanza al 12,7 por ciento de la población, un valor que en 2013 había sido del 9,8, en 2009 del 9,6, y en 2005 del 8,4. “Es un aumento alarmante: 51 por ciento en trece años”, agrega el experto, dedicado al estudio de esta patología crónica que se produce cuando los niveles de glucosa –es decir de azúcar– en la sangre se mantienen altos porque el cuerpo no es capaz de asimilarla correctamente.

Integrado por un área de investigación aplicada que se concentra en el impacto socio económico de la enfermedad, el monitoreo de la calidad de atención a los pacientes y el desarrollo e implementación de estrategias de prevención; y otra básica, que estudia el funcionamiento de los órganos y tejidos involucrados, sus alteraciones y respuestas endócrinas, metabólicas e inflamatorias con miras a posibles terapias farmacológicas, el CENEXA es el espacio dedicado a la diabetes por excelencia en la región. “¿Y por qué nos parece tan importante? Porque si no se la trata adecuadamente trae complicaciones muy serias que reducen la calidad de vida de las personas y elevan los costos médicos, lo cual la convierte en un problema de salud pública”, señala Flavio Francini, investigador del CONICET y director del centro.

En la búsqueda para dar con eventuales tratamientos que mejoren la vida de los pacientes a la vez que ayuden a reducir su prevalencia en la población, ambos expertos acaban de publicar –junto a sus equipos– dos novedosas investigaciones en revistas científicas internacionales. Los trabajos, vale decir, cobran una importancia especial por salir a la luz en la víspera del Día Mundial de la Diabetes, instaurado en 1991 por la Federación Internacional de Diabetes (FID) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) para cada 14 de noviembre, y que en la campaña 2019 lleva como lema “Familia y Diabetes”.

Asociada a factores de riesgo como hipertensión, obesidad, colesterol alto y sedentarismo, la diabetes tipo 2 es la más frecuente, y se da cuando el cuerpo no produce insulina –la hormona que regula la cantidad de glucosa en sangre y se encarga de hacerla ingresar a las células– o no la utiliza bien. “Esta forma está precedida por una etapa en la que de alguna manera ya están presentes los cambios descriptos en la patología pero en menor magnitud. Este estadio de prediabetes puede durar muchos años, y por lo tanto nos da la oportunidad de intervenir para retardar o prevenir la aparición de la enfermedad mediante un cambio de estilo de vida consistente en adoptar un plan de alimentación saludable y actividad física. El 58 por ciento de las personas con esta condición logra frenar la progresión de la enfermedad”, explica Francini, autor de uno de los trabajos, aparecido en la revista Journal of Ethnopharmacology.  

Precisamente, su artículo se aboca a otra de las alternativas interesantes para abordar la diabetes en etapas tempranas: la incorporación, a través de alimentos o suplementos dietarios, de productos naturales de origen vegetal que le aporten beneficios al organismo. Así, si bien muchas sustancias obtenidas de plantas se utilizan popularmente desde hace cientos de años, no siempre se sabe concretamente cuáles son los componentes responsables de sus efectos. En este caso, los investigadores se centraron en el estudio de un extracto de cacao enriquecido en uno de sus compuestos químicos conocidos por tener una acción antioxidante e intervenir en procesos inflamatorios: los polifenoles.

La investigación consistió en un modelo animal al que se le administró durante tres semanas una dieta rica en sacarosa, un azúcar refinado que en poco tiempo provoca insulinorresistencia y otras alteraciones metabólicas similares a las de la prediabetes humana. En paralelo, a un grupo también se le suministró por vía oral el extracto de cacao. Los resultados fueron contundentes: sólo los que recibieron el compuesto enriquecido no desarrollaron el cuadro patológico, mientras que los otros sí lo hicieron. “El objetivo fue plantear una posible estrategia de prevención con un producto natural para eventualmente establecer nuevos blancos terapéuticos y una validación de su uso con fines medicinales”, apunta el especialista.

Flores, por su parte, estuvo a cargo de la otra investigación, dedicada a desentrañar la acción de una proteína producida por el propio páncreas llamada INGAP que su equipo viene estudiando desde hace tiempo y de la que previamente ya habían logrado demostrar una doble capacidad. Por un lado, la de impulsar la formación de nuevas células beta, responsables de la secreción de insulina; y por otro la de mejorar la funcionalidad de las remanentes, permitiendo que liberen la hormona de forma más eficiente en respuesta al estímulo de glucosa. En un artículo anterior, los científicos obtuvieron excelentes resultados gracias a la administración por inyección de dosis extras de INGAP.

Carolina Lisi Román es investigadora de la Comisión de Investigaciones Científicas de la Provincia de Buenos Aires (CICPBA) en el CENEXA y primera autora del trabajo, que acaba de aparecer en revista Peptides. Según relata, se buscó ahondar aún más en los mecanismos de acción que permiten a la proteína llegar a esos efectos beneficiosos observados, y en este sentido indica: “Al estudiar distintos marcadores relacionados con la vascularización, vimos que hay un aumento de la cantidad de vasos sanguíneos que la irrigan, y es eso lo que da lugar al aumento del número de células beta”.

Como reflexión final relativa a la fecha, los investigadores coinciden en la necesidad de seguir reforzando el mensaje de llevar una vida saludable y cambiar ciertos hábitos perjudiciales ya que, “aunque pueda sonar reiterativo, la adherencia de la gente sigue siendo escasa”, afirman. “Aunque es cierto que hay muchas más personas que antes haciendo ejercicios en las plazas u optando por alimentos sanos, considero que sigue siendo un porcentaje minoritario”, señala Flores.

“Difícilmente un problema de este tipo se pueda solucionar solamente desde un ministerio de salud. Las estrategias tienen que combinar todas las dimensiones involucradas: desarrollo social, economía y educación también deben formar parte, porque si no cualquier propuesta se torna impracticable. Si pensamos, por ejemplo, en un programa para abordar el tema de la alimentación saludable en las escuelas, sus comedores deberían poder poner en práctica esas enseñanzas, lo cual no siempre es posible desde lo económico. Es una situación compleja, pero sabemos que el único camino es insistir y no bajar los brazos”, concluye Francini.