La deuda es con nosotras

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Nota de opinión por Martina Genovart.*

 

El 8 de Marzo se conmemora la reivindicación de la mujer por su participación en la sociedad y la revalorización de los derechos de la mujer trabajadora. Para analizar más en profundidad lo que implica esta fecha, es necesario volver a sus orígenes e interiorizarnos acerca de los precedentes que marcaron un antes y un después.

Con el incendio de la Fábrica Triangle Shirtwaist de Nueva York, el feminismo comenzaba a hacer mella en el seno de la sociedad mundial. Uno de los hechos más reseñables en este sentido sucedió el 8 de marzo de 1857 en una fábrica textil de Nueva York. En ella, murieron 146 trabajadoras en manos del dueño de la fábrica, quien las encerró y prendió fuego para evitar que protestaran por la mejora de sus condiciones laborales.

El suceso removió la legislación de Estados Unidos y fue el puntapié inicial para abrir el debate social y allanar el camino. A raíz de este trágico día, se creó el Sindicato Internacional de Mujeres Trabajadoras Textiles. 

En 1975, las Naciones Unidas conmemoraron el Día Internacional de la Mujer, por primera vez, el 8 de marzo. Y en 1995, durante la Declaración y la Plataforma de Beijing, 189 gobiernos firmaron una ruta histórica por la que se estableció la agenda para la materialización de los derechos de las mujeres.

Argentina no fue la excepción en esta coyuntura de disputa de poder y demanda de derechos. 

Ya entrado el siglo XX, el movimiento sufragista cobró mayor fuerza a nivel internacional. Particularmente, en 1947 se sancionó, en nuestro país, la ley de voto femenino con el respaldo decisivo de la entonces primera dama, Eva Duarte de Perón.

Durante las décadas de 1960 y 1970 miles de mujeres, sobre todo jóvenes, se volcaron a la militancia política en esos tiempos convulsionados a nivel mundial y local. Otro punto de inflexión fue la realización del primer Encuentro Nacional de Mujeres (ENM) en 1986 en Buenos Aires.

Aquella primera edición contó con la participación de miles de mujeres. Desde entonces, se lleva a cabo todos los años en distintas ciudades y ha ido incrementando el número de participantes, superando las 50.000.

Muchas de las conquistas que hemos tenido a lo largo de estos años en materia de género, fueron impulsadas desde ese espacio y, otras, aprobadas por voluntad y decisión política del Estado: el cupo femenino, el divorcio, la ley de matrimonio igualitario, la primera norma de identidad de género, el régimen de las empleadas domésticas y el establecimiento del femicidio como figura legal, entre otros.

Varios años pasaron de aquellos hechos que fueron pioneros y principales precursores de estos movimientos de mujeres, que luchaban por sus derechos. 

Este 8M, las mujeres volvemos a parar. Lo hacemos para visibilizar las desigualdades de género, la precarización laboral, la desigual distribución de tareas de cuidado y del hogar; para erradicar definitivamente todo tipo de violencias contra la mujer y para volver a poner en el tintero cuáles son las demandas de un movimiento feminista que quiere terminar con un sistema patriarcal que oprime, humilla y golpea en todos los ámbitos en los que nos movemos. 

Debemos repensar y preguntarnos cuál es la diferencia entre lo que significó históricamente el Día de la Mujer y qué se pone en jaque en la actualidad.

Sin dudas, lo que se está tejiendo es un entramado social de redes entre mujeres de diferentes lugares, tanto en Latinoamérica como a nivel Internacional.

Estamos en presencia de un feminismo más inclusivo, que extiende sus márgenes y abre sus puertas a las mujeres, lesbianas, travestis y trans. Resignificando y retomando la dirección inicial: 8M, día de la Mujer Trabajadora.

Hoy, paramos a lo largo y a lo ancho del mundo para levantar como bandera cuál es el suelo que deseamos habitar. Y en este sentido, la justicia, la sororidad y la diversidad están en el centro de la escena.

La unión internacional de las mujeres genera un cimbronazo a nivel mundial, porque tenemos como estandarte la lucha incansable contra los modos de opresión a la diversidad y a todo aquello que intente volver a reacciones conservadoras, patriarcales, machistas y misóginas.

Nosotras movemos el mundo.

Y también, juntas, lo paramos.
 

*Martina Genovart es Estudiante de Lic. En Ciencia Política (UBA). Militante de Movimiento Ciudadano La Capitana.