Las tormentas bajo la lupa de un experto

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El análisis lo realizó el experto de la Universidad Nacional de La Plata, Alejandro Godoy, doctor en Ciencias de la Atmósfera, profesor adjunto de la Cátedra de Meteorología Sinóptica, de la Facultad de Ciencias Astronómicas y Geofísicas de la UNLP

 

Las últimas investigaciones científicas confirman un aumento de la ocurrencia de eventos extremos de precipitación y temperatura que generan un impacto dependiendo del grado de vulnerabilidad y región del país.

¿Esto se debe al cambio climático? En efecto, estamos experimentando un calentamiento global que se verifica en las observaciones de temperatura de las últimas décadas, pero también en los cambios que se observan en los océanos o las regiones polares, por ejemplo. Las investigaciones están mostrando un contexto más favorable para la ocurrencia de precipitación y temperatura que no se esperaban en ciertas regiones del mundo y una mayor frecuencia de inundaciones y sequías, lo que conlleva a la necesidad de una rápida adaptación al nuevo escenario que ya está con nosotros.

La tormenta del último viernes 22 de febrero en la ciudad de la Plata coincide con otros fenómenos meteorológicos que se han experimentado en Argentina y tuvieron impacto en la población como la ola de calor en la Patagonia, inundaciones en el Litoral o nevadas inusuales en Jujuy.

Los últimos años tuvimos en varios rincones del país una mayor frecuencia de tormentas intensas, vientos fuertes, inundaciones repentinas o sequías. Los fenómenos meteorológicos mencionados ocurren por diferentes causas y su escala espacial y temporal de influencia es diferente en cada caso.

Un ejemplo son las tormentas que se desarrollan en períodos cortos de tiempo y afectan áreas muy localizadas generando precipitaciones y fuertes vientos con un importante impacto en la población. 

Las tormentas conocidas como “superceldas” son una de las más severas y son las que pueden producir el famoso tornado, granizo de gran tamaño y vientos fuertes con ráfagas. Esto último fue uno de los causantes de los destrozos que ocurrieron durante la tormenta del 22 de febrero.

Los vientos intensos provienen del flujo descendente que se origina dentro de las nubes de tormenta que necesitan varios ingredientes para organizarse: principalmente es necesario una atmósfera inestable con un importante contenido de vapor de agua para la formación de gotas e hielo, así como también fuertes vientos en altura para organizarlas.

Además, su tiempo de desarrollo es muy corto, pudiendo formarse en menos de 15 minutos. Su tamaño puede extenderse hasta 10 km de altura, generando en una región muy pequeña condiciones de tiempo severo, produciendo lluvias repentinas que pueden generar inundaciones. Por otro lado, los fenómenos también pueden organizarse en sistemas de tormenta que cubren grandes áreas, conocidos como sistemas convectivos.

Vale destacar que los eventos meteorológicos severos suelen estar combinados con un entorno de “gran escala” para su desarrollo: sistemas de baja presión, alta presión, frentes fríos, etc. que favorecen el ascenso de aire y la formación de sistemas de mal tiempo por períodos más largos.

Como consecuencia pueden ocurrir inundaciones de gran extensión espacial como ocurrió en el mes de enero en el norte del país y el Litoral.

Estos sistemas se originan por el comportamiento caótico de la atmósfera que se debe a que la misma presenta una variabilidad natural o una variabilidad por forzantes externos a la atmósfera que alteran el estado promedio del sistema climático. Para entender su evolución es necesario monitorear el estado global de la atmósfera y los océanos en las regiones tropicales y las regiones polares. La influencia puede ser estacional como las corriente del “niño” u oscilaciones atmosféricas semanales que se desarrollan en regiones tropicales.