Reina la intolerancia

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“No soy nada, no soy nadie” por Federico Vargas desde Barcelona. Especial para Post Político

 

Un grupo de personas rescatadas por el Aquarius, operado por Sos Mediterranee y MSF. KARPOV / SOS MEDITERRANEE

Si hay algo que no soporto de mí ni de nadie, es la intolerancia. Paradójico. Aunque vista desde otra perspectiva se transforma en una virtud. Me explico. Es intolerante que los países discutan a estas alturas sobre el valor de la vida. Es intolerable que dejemos morir día tras día a personas que escapan de la miseria y la guerra. Máxime si quienes tienen la suerte de sobrevivir al periplo y con la costa de Europa a la vista se tiran para nadar hasta la playa mientras sus pulmones se llenan de agua. ¿Os dejo sin aire ante la falta de comas en la oración?... Retenedlo hasta la muerte, ¿no podéis? Así los dejamos morir ante nuestros ojos.

El ya mundial caso “Aquarius” no es algo nuevo. La diferencia puede que sea cuantitativa y que por presión ciudadana haya roto las abismales fronteras de la vergüenza. Pero en el Mediterráneo desde el 2014 hasta hoy las hermosas aguas que bañan las costas de Europa, se han agenciado la friolera cifra de más de 15.000 (quince mil) almas.

Aquí, como en el mundo, reina la intolerancia. Los mensajes en las redes, entre selfie y selfie, han sido variopintos. Desde los ya estúpidos “pobrecitos” hasta los aberrantes ataques xenófobos enmascarados en el nombre de las fronteras y las patrias.

La actuación de Malta e Italia en este conflicto es el reflejo de la hipocresía política que reina en el viejo mundo. Europa ha sido más años de reyes y tiranos (me cago en la diferencia, perdón) que democrática. La Unión Europea ha sido explícita. La Unión para los business. La inmigración es por accidente geográfico. Es decir, quien tenga playa que se apañe.

Lo que ocurre en los países periféricos no son más que el resultado del juego de poder que realizan aquí y allá los egos. Los de todos, los nuestros, el mío.

Nuestra comodidad y confort ha llevado al resto a la ruina, a la destrucción. Una sociedad que sólo se alimenta de poder económico. El que nos permite pagar el gimnasio de moda, las mallas de moda, el iphone, los zapatitos y un sinfín de etcéteras que somos conscientes que no son nada en el papel. Pero en nuestras mentes se transforman y de ahí llegamos a la hipocresía. Así somos, sin ir más lejos este fin de semana mis pies se vistieron de North Face. Estamos podridos y la diferencia radica en cuanto tienes y donde lo tienes, como siempre. Evidentemente lo que expongo no pilla a nadie fuera de juego. Triste, ¿verdad?

Pero hay ciertas manifestaciones que llevan a pensar que estamos tocando o viendo la cima de las vanidades. Que estamos recorriendo una cumbre irregular y escarpada. Empezamos a darnos cuenta que si esto no cambia nos vamos, literalmente, a la mierda. Comenzamos a mirar un poco a nuestro alrededor aunque el opio de las pantallitas nos acerca más al abismo del “qué dirán” o del “que quiero que digan”. Que cada uno se juzgue.

El barco, que debe su nombre a una de las constelaciones más antiguas del conocimiento, deja ver la falsa política referente a los principios y valores.

Las políticas de derechos humanos con la que Europa maquillo sus barbaries al mundo, no valen nada. Es penoso e intolerable que más de 600 desgracias sean panfleto político. Para el señor (minúscula) Pedro Sánchez esta situación le viene a pedir de boca. Las acciones impuestas vía artículo 155 del PP y los casos de corrupción dejaron mal parada a España de cara a Europa. Sánchez recibe y abre el puerto de Valencia al Aquarius, agua y jabón para las manos. Pero que sea el líder de Ciudadanos, Albert Ribera, quien se lo eche en cara… En fin. Más de lo mismo. A seguir llenando informativos a costa del martirio humano.

Italia, que negó amarre, para tapar su arraigado fascismo manda unas cajas con sanguches. Malta tres cuartos de lo mismo. Barquitos de refuerzo y todos a ver si así no quedan como son. Una sociedad Europea que ha hecho de la intolerancia un arma de doble filo, al fin y al cabo, lo es.

Un servidor espera que todo esto dé sentido común a los actores políticos implicados. La codicia, la demagogia, la excusa de las fronteras y la patria, mis North Face, no dan para más. La corrupción se queda sin base ni colorete. Espero que el descenso de las alturas de la intolerancia que lleva a la hipocresía empiece. Ha de hacerlo ya. Mientras Trump y Kim Jong-un se dan la mano después de acordar que no acuerdan nada. Postureo y alimentar las redes. Son como el maíz para las aves. Por si no queda claro, nosotros somos los animalitos de corral.

Nota aparte: Diploma, medalla y beso para el Señor Josep (Pep) Guardiola y los 150.000 euros que donó para que Open Arms repare el barco que se deterioró a la espera de que la “justicia” Italiana se manifieste. Si todos los grandes bolsillos aportaran en soluciones, seguro que las personas no tendrían la necesidad de dejar sus vidas y sus familias. Eso va para la lacra de VOX que piensan que estas personas emigran porque les encanta que los exploten, que les pateen por las calles.

Al gran pueblo argentino… Salud.