Cianobacterias: La necesidad de una buena educación ambiental


La investigadora del CONICET y directora del Instituto de Limnología local, Nora Gómez, reflexiona sobre el fenómeno y las acciones que pueden implementarse a futuros para paliar sus efectos

Desde hace algunos días la costa bonaerense presenta una fisonomía bastante distinta a la habitual. Como es sabido, una combinación de factores ambientales como la disminución del caudal del Río Paraná, las altas temperaturas, los efectos del fenómeno de La Niña y las consecuencias de la contaminación –que aporta materia orgánica y nutrientes– propició el desarrollo de la floración de las cianobacterias observada en el Río de la Plata. Estas microalgas, emparentadas con las bacterias, son capaces de realizar fotosíntesis a través de pigmentos que le confieren la coloración verdeazulada que en los últimos días tiñó el agua y las arenas de la costa.

Los ancestros de este grupo algal fueron los primeros microorganismos en producir oxígeno, a través de la fotosíntesis, favoreciendo así el desarrollo de una atmósfera oxigénica y consecuentemente facilitando el desarrollo de la vida. La presencia de estas algas en bajas concentraciones no implica por sí sola un riesgo para la población. De hecho, forman parte de estos ecosistemas naturalmente, y cumplen su rol captando carbono y produciendo oxígeno, por ejemplo.

El problema se presenta cuando, como ocurre en la actualidad, se dan algunas condiciones ambientales que empiezan a desequilibrar el sistema, y ellas son muy hábiles para aprovechar eso. Entonces cuando los ambientes están muy cargados de nutrientes, hay altas temperaturas y condiciones atmosféricas favorables, se reproducen muy rápidamente.

El mayor riesgo es que pueden llegar a generar unas toxinas, denominadas cianotoxinas, que son peligrosas para el ambiente, como así también para los seres humanos y animales. Dependiendo del grado de concentración de cianobacterias en el agua, la ingesta puede provocar entre otras cosas alteraciones gastrointestinales o hepáticas, o daños en la piel, como distintos tipos de dermatitis.

Las autoridades deben prohibir el acceso a estos cuerpos de agua cuando el nivel de concentración de bacterias es tan alto. Y la gente debe evitar el contacto con el agua y la arena, particularmente los niños y niñas, porque suelen jugar y llevarse las manos a la boca, y las algas quedan en ese sedimento cargadas de toxinas.

Además del factor ambiental, la acción humana

Toda la costa del Río de la Plata es muy vulnerable a estos procesos. Fundamentalmente, por la alta contaminación, que produce un efecto que se conoce como eutrofización, es decir el enriquecimiento excesivo de nutrientes y materia orgánica, que es su alimento. Entonces, cuando están los inóculos de estas algas y las condiciones son favorables como ahora, se desarrollan.

Predecir cuándo bajará la concentración de algas en la costa bonaerense es difícil, y dependerá de que cambien las condiciones ambientales. Una orientación distinta en la dirección del viento, la llegada de las lluvias y un descenso de temperatura pueden contribuir a ese proceso, aunque seguramente van a estar todo el verano.

Estas circunstancias no hacen más que demostrarnos que hay cosas que no estamos haciendo bien, y si bien todos los veranos hay problemas relacionados con esto, se van profundizando por no atenderlos en tiempo y forma. Por un lado, es necesario mejorar el tratamiento de efluentes cloacales para que la concentración de nutrientes y materia orgánica disminuya.

Los procedimientos actuales no son del todo adecuados. En el mismo sentido, hay que controlar la actividad de las industrias y sus desechos. Las leyes están, hay que controlar más. Por otra parte, y fundamental, hace falta mayor educación ambiental. Ciudadanos bien educados en el tema van a contribuir mejor a que esto se cumpla, porque van a exigirlo, y sabrán qué cosas hacer desde lo cotidiano para contaminar menos.

Hay que ocuparse, no preocuparse. No entrar en pánico, ni asustarse. Sí cuidarse, como aprendimos a hacer con relación al coronavirus. Así como nos acostumbramos al uso del tapabocas y otras medidas de higiene preventivas, con este tema tenemos que tomarnos en serio no estar en contacto con el agua y la arena. Es un fenómeno que ya va a pasar.