¿Cómo afecta el patriarcado a los varones?


Por Jhonan Barrera | Ilustración Agustina Fimiani

En Argentina y en el mundo, los feminismos se están encargando de visibilizar las desigualdades y violencias que viven día a día las mujeres. Una de las consignas que más resuena en la lucha feminista es la de “terminar con el patriarcado”, pero ¿qué es el patriarcado? Simone de Beauvoir, en el Segundo Sexo (1949), escribió que la historia había sido construida a partir de un androcentrismo: “el hombre como la medida de todas cosas”. Es esta una excelente definición para construir un concepto de lo que es el patriarcado: un sistema donde predomina estructuralmente el poder y dominio de los hombres sobre las mujeres y los géneros disidentes.

Si es el patriarcado un sistema que oprime y violenta a las mujeres y a las personas del colectivo LGBTIQ+, y en el cual los varones son los principales emisores del mismo, ¿son, por lo tanto, los culpables de todo? No, no lo son, pero tampoco escapan de su responsabilidad como reproductores y ejecutores de la violencia y desigualdad. Dora Barrancos, socióloga y feminista argentina, sostiene que “entre las víctimas del patriarcado están los propios varones”. Es que, en el entramado de las relaciones de poder, los varones se ven afectados por los mandatos de la masculinidad que les demanda el sistema patriarcal.

En el orden social en el que vivimos, la masculinidad se configura a través de un conjunto de mandatos que los varones tienen que cumplir para ser considerados “verdaderos hombres”. Ariel Sánchez, titular de la Dirección de Promoción de Masculinidades para la Igualdad del Ministerio de Mujeres, Políticas de género y Diversidad Sexual de la Provincia de Buenos Aires, menciona que estos mandatos “están relacionados con la potencia, la fortaleza y, sobre todo, con el uso de los cuerpos de otras personas que se van a considerar inferiores respecto de esa masculinidad, que son las mujeres y otras identidades vinculadas a la diversidad sexual”.

Los mandatos de la masculinidad tienen tres principios básicos: preñar, proveer y proteger. De estos tres, se desarman las exigencias que tiene que cumplir un varón para llegar a serlo, entre ellas se encuentran la virilidad, la valentía, la fuerza, la ambición, la competitividad, ser exitoso (económica y socialmente), no ser débil, ser autosuficiente y ser heterosexual. Toda esta lista estructura las normas que hay que seguir para cumplir con el ideal de hombre; imposiciones inalcanzables que pesan sobre las espaldas de los varones y que terminan desencadenando consecuencias negativas en su salud física y mental.

De esta manera, la masculinidad normativa termina siendo un factor de riesgo para los varones. El intentar demostrar fuerza y valentía constantemente los empuja a prácticas y comportamientos para reafirmar su masculinidad que terminan manifestándose en enfermedades y muertes precoces. Todes conocemos la regularidad con que nuestras amigas o conocidas consultan con su ginecólogx, pero es casi nula la cantidad de varones conocidos que sepamos que se realizan un chequeo con el urólogo. Los varones, al sostener que son fuertes, tienden a demostrar un menosprecio por la salud que los termina perjudicando directamente, porque sentir dolor “no es de machos”.

Los varones son socializados para no demostrar debilidad y, por ende, no expresar sus sentimientos. Ser autosuficientes implica no pedir ayuda y, al no pedirla, se cargan de problemas que a la larga perjudican su salud mental. No solo se les dificulta exteriorizar sus emociones, sino también identificarlas. Al no alcanzar las expectativas de lo que implica ser varón, llegan a deprimirse y ni siquiera lo manifiestan para no mostrarse débiles, recurriendo al suicidio como última salida. En el mundo, los hombres se suicidan en una proporción tres veces mayor que las mujeres y, en Argentina, según los datos de la Dirección de Estadísticas e información en Salud (DEIS), perteneciente al Ministerio de Salud de la Nación, en 2018 se registraron 3.322 suicidios en todo el país y el 81 % fueron efectuados por varones.

Empezar a hablar de los efectos nocivos del sistema patriarcal en los varones es una tarea fundamental en la que hay que profundizar. La salud no cumple un rol preponderante en la identidad masculina, ya que el cuidado está estrictamente ligado a lo femenino y, por ende, los varones presentan pocas conductas de autocuidado, lo que agrava su calidad de vida.

Romper con el pacto de complicidad machista no es suficiente. Es importante tensionar nuestra masculinidad y visibilizar los mandatos que trae consigo y cómo estos nos afectan. Para ello, es necesario saber reconocer nuestra vulnerabilidad y pedir ayuda a tiempo en pos de construir masculinidades más sanas en relación con les otres, pero también con nosotros mismos. Ningún varón nace violento. Es tarea nuestra repensar, revisar y desaprender todos los mandatos, privilegios y consecuencias que implica serlo.