Con la misma pasión, pero…


Por Jerónimo Salinas

El fútbol parece ser que será el escenario más difícil para erradicar las prácticas machistas. Esa cultura del tablón que se refiere a solo un deporte de hombres y todas esas malas costumbres que se trasladan a la tribuna, al campo de juego o a las redes sociales, como fue el caso sucedido con la arquera del Real Madrid y del seleccionado español, María Isabel.

A principios de mes se llevó adelante la campaña “Misma pasión”, que se hizo viral luego de que la arquera merengue recibiera distintos comentarios sexistas e insultos del estilo de “no te lo vas a follar”, por citar uno de los más leves, tras subir una foto de ella y del jugador del plantel masculino de fútbol, Marco Asensio. Rápidamente, los diferentes clubes de fútbol, como así también la mayoría de los deportes del mundo, se hicieron eco de lo sucedido y subieron a sus redes sociales una foto de un deportista y una deportista compartiendo la pasión.

El feminismo es un movimiento que continúa avanzando a pasos agigantados (no me voy a meter en terreno que es de nuestrxs amigxs de #Inclusive), que deja en evidencia el accionar machista y retrógrado que existe en el mundo, y particularmente, en el deporte, cada vez con mayor facilidad debido a la deconstrucción de la sociedad. Pero, ¿alcanza solo con que hombres y mujeres desarrollen el deporte con la misma pasión?

Desde la búsqueda de “igualdad”, esta campaña concientizó a un planeta de que entre mujeres y hombres no hay diferencias al momento de practicar un deporte porque se hace con la misma pasión, pero aún queda mucho partido por jugar. Es abismal la diferencia que existe entre el salario de un futbolista y una futbolista, donde no hace falta irse más lejos de los jugadores menos pagos para saber que el sueldo mínimo de una mujer no llega casi al 1 % del primer contrato de un hombre (tampoco me quiero meter en el terreno económico de #Reperfilando).

Acá te dicen que el deporte femenino no vende, por eso se paga distinto, por eso las grandes diferencias de sueldo, pero nadie habla de algún convenio que pueda proteger a las jugadoras o lograr la difusión (eso requiere mucha inversión y dudo que alguien se comprometa, a excepción de TNT Sports y DeporTV, medios que acompañan el crecimiento de las deportistas) al buen estilo estadounidense, que te llenan de deportes masculinos y femeninos, de todas las disciplinas, sea profesional o universitario. Ah, eso sí, cuando aparece alguna competencia mundial u olímpica queremos que Las Leonas, Las Panteras o La Garra, entre algunos seleccionados femeninos, salgan todas campeonas, pero no vamos más allá para poder analizar el precario contexto que hay detrás del deporte femenino.

El fútbol, en particular, es el escenario más difícil para toda persona que no sea hombre. No hay que irse más lejos de Berisso, provincia de Buenos Aires, para poder comprobar que la discriminación da los golpes más bajos. Mara Gómez, jugadora trans que juega en Villa San Carlos, sufre el ataque reiterativo a su condición, al punto que hace unos días los diarios deportivos se hicieron eco de una estadística errónea y malintencionada (49 goles en 13 partidos) de cuentas de redes sociales que se burlan de la jugadora.

El fútbol, y el deporte en general, debe continuar en el camino de la deconstrucción y la campaña “Misma pasión” fue una prueba más de que ese cambio se está transitando, pero queda bien claro también que por más que haya la “Misma pasión”, no alcanza.