Cosechar feminismo y ambientalismo popular: la salida a la crisis


Por Micaela Toscano | Ilustración Agustina Fimiani

La lucha feminista, como movimiento trasversal, tiene multiplicidad de enfoques que apuntan a un solo eje: la igualdad en clave de géneros. Igualdad en el trabajo, en nuestras corporalidades, en nuestra identidad e incluso en nuestras camas. Ser y basta, que paren de matarnos. Pero, ¿qué relación hay con el ambientalismo?

En este devenir atípico de la pandemia, buscaba respuestas. Me encontré a la diputada Daniela Vilar alzando la voz en una sesión de la Cámara. Expuso que no hay justicia social sin justicia ambiental. Si el feminismo fue esa bocanada de aire que me hizo entender que tenemos que ser y basta, que es un derecho; esa frase fue otra apertura a un sinfín de inquietudes. Feminismo y ambientalismo popular son las preguntas que nos hacemos todos los días para ser mejores, aunque a veces no haya respuestas.

Tanto el capitalismo como el patriarcado han establecido un entramado de poder tal que son unos pocos con muchos recursos: son el 1 % de la población que se enriquece a costa de las mayorías que sufren las consecuencias de este modelo desigual. ¿Quiénes son les afectades? Mujeres, diversidades y la naturaleza, es decir, lo otro, todo lo que quede afuera del modelo de varón blanco cisheteronormativo.

Si bien sabemos que existen desigualdades, es la crisis climática y ambiental la que agrava aún más todo esto. Porque las inundaciones, las sequías, y la pandemia –por mencionar unos pocos ejemplos- no son azarosos: son los síntomas de un planeta sobreexplotado por el capitalismo voraz. Para este modelo, la naturaleza y las corporalidades feminizadas y diversas son vistas como territorios que pueden poseer, violentar y dominar para su propio beneficio. No son espacios ni lugares, sino objetos.

El hiperconsumo a costa de nuestros derechos también es a costa de la devastación de territorios y de nuestra salud: si el planeta está mal, nosotres también. La diferencia es que ese 1 % más rico, sí cuenta con recursos económicos para seguir sosteniendo su confort. En cambio, el 50 % de nuestro país que es más pobre, no. Sufre las consecuencias de esas inundaciones, de esas sequías, de la pandemia, de los agroquímicos y muchos más etcéteras.

Estas desigualdades se profundizan aún más para las mujeres. Basta que hablemos sobre corporalidades menstruantes: las mujeres cobran un salario 20,2 % menor al de los varones y a esto hay que sumar el costo de menstruar. También podemos pensar en el impacto ambiental de los productos descartables de gestión menstrual.

Ante estas problemáticas son las mujeres de los barrios, las trabajadoras, las investigadoras, las militantes, jóvenes y originarias que organizan los modos de hacerle frente a esto y a todo. Porque el movimiento entiende de desigualdades. La salida a esta gran crisis que estamos atravesando es con el feminismo y el ambientalismo popular. Es de cara a generar un cambio de paradigma hacia un modelo que sea amigable con el planeta. La salida es colectiva y con todes adentro.