¿De qué lado de la brecha tecnológica te encontrás?


Por Tatiana Miculán

Cuando hablamos de La Plata es inevitable no pensar en sus diagonales que la atraviesan de extremo a extremo y que le dan a nuestra ciudad ese toque tan especial. Tampoco podemos evitar el orgullo de decir que nuestra ciudad fue perfectamente planificada por su arquitectura y su trazado geométrico.

¿Pero planificada para quién? Una perfecta planificación urbana debería adaptarse a las necesidades de la población y garantizar el acceso justo al hábitat para todos y todas sus habitantes y, en eso, nos fuimos quedando atrás.

¿Qué diagonales llegan a los barrios populares del Gran La Plata? Y si pensamos a las diagonales como aquellas problemáticas que nos atraviesan como ciudadanos ¿Qué diagonales nos entrecruzan como sociedad? ¿Nos interpelan a todos de la misma forma?

Bienvenidos entonces a “Mundo diagonal” una mirada distinta de todo lo que acontece en la ciudad de las diagonales.

Diagonalizar la educación virtual

Si hay algo que ineludiblemente ha atravesado a todas y todos los platenses en esta pandemia fue la educación virtual. Padres e hijos tuvieron que acomodarse a esta nueva modalidad, readaptando sus tiempos y espacios. La pantalla como pizarrón y la mesa del comedor un pupitre.

La modalidad virtual deslumbró las posibilidades de las nuevas tecnologías como así también sus falencias y limitaciones. Todos los platenses que transcurren sus estudios en los distintos niveles: inicial, primario, secundario, terciario y universitario, se vieron afectados en diferentes grados de complejidad por la brecha digital, que no solo se trata de la desigualdad en la infraestructura y la accesibilidad a internet, sino también en las herramientas y conocimientos que poseemos para su uso.

Cortes de luz, mal servicio de las empresas proveedoras de internet o la señal del wifi que viene y va.

¿Cómo transcurrieron los estudiantes platenses esta nueva modalidad?

Estudiantes de escuelas secundarias admiten haber tenido cortes de internet y que, por ende, en algunos casos se vio afectado su rendimiento al no poder unirse a clases obligatorias, mientras que otros pudieron avisarle a los docentes y no resultó una complicación. A nivel universitario, sucede lo mismo: “Se me cortó internet en un parcial. Doble estrés: nervios propios de rendir más nervios de que la conexión a internet sea estable”, opina Valeria, estudiante de la facultad de Ciencias Exactas de la UNLP.

Según un informe a nivel nacional realizado por el Observatorio Argentinos por la Educación, 9 de cada 10 estudiantes del sector privado cuentan con wifi o banda ancha en el hogar, mientras que en el sector estatal son solo 6 de cada 10. ¿Pero qué pasa cuando ni siquiera se cuenta con un plan? Detrás de la brecha digital, se esconde la brecha socio-económica.

Las dificultades para acceder a la educación virtual aumentan al depender de una prepaga, y no poseer dinero para cargar la tarjeta. “A veces te mandan para que veas videos, y vos no los podes bajar porque por ahí tenes datos solo para whatsapp”, cuenta Magdalena, madre de una niña en edad escolar. A este gasto, se suma el de las impresiones. Si bien algunos padres/madres reciben fotocopias en los colegios cuando retiran los módulos de alimentos, en otros casos reciben pdf por grupos de whatssapp y no cuentan con el dinero suficiente para poder imprimirlos, por lo que no pueden realizar la tarea o resulta un doble trabajo copiar todo.

Otra limitación que surge con la pandemia es la imposibilidad de asistir a espacios de apoyo escolar en donde antes chicos y chicas de barrios populares llevaban sus tareas y recibían un acompañamiento en su aprendizaje. De esta manera, la ayuda con las clases virtuales depende del tiempo disponible de los padres entre la jornada laboral y los quehaceres del hogar. Sumado a esto, Magdalena agrega: “si no terminaron la escuela no saben cómo se hacen las tareas o si la terminaron hace mucho tiempo los métodos cambiaron”.

No contar con un dispositivo propio para asistir a las clases resulta otra gran complicación, en muchos casos, se tienen que turnar entre varios hijos para usar el celular de los padres, o de poseer estos una computadora tienen que adaptar el tiempo de la jornada laboral a los tiempos de estudios. El informe del Observatorio de Argentinos por la Educación revela que mientras que en el sector privado el 40,1% de los alumnos cuentan con un dispositivo propio para tareas escolares, en el sector estatal el porcentaje solo representa la mitad de esa cifra (19,5%). Este problema no se acota a la edad escolar ya que a nivel terciario y universitario sucede lo mismo “me atrase en algunas materias por no tener computadora propia”, afirma Agustina, estudiante del Instituto superior 8.

Algunos alumnos no tienen un espacio personal para las clases virtuales por lo que decanta en que la concentración no sea la misma y afecte en su formación. En este sentido, además de la brecha socioeconómica, se genera una brecha del aprendizaje en donde algunos padres y estudiantes de todos los niveles advierten que no se cumplen con horarios previamente pactados, o que mandan actividades irregularmente por lo que los chicos y chicas perdieron el ritmo escolar, sumado en algunos casos a la falta de intercambio y contemplación de situaciones particulares de los docentes.

Las plataformas educativas elegidas para comunicarse con los alumnos resultaron un problema, ya que algunos tuvieron complicaciones para enviar archivos incluso en etapas decisivas como parciales o finales a nivel universitario. Con respecto a este recurso los estudiantes advierten necesaria la unificación de plataformas para distintas materias, para evitar tener que descargarse una por una y estar atento a las múltiples notificaciones y avisos.

Con las clases virtuales salió a la luz la necesidad de profundizar en las tecnologías para su implementación como una herramienta formativa y dio cuenta que la educación virtual no atiende a los diferentes contextos socioeconómicos ni a los procesos de aprendizaje que necesitan los estudiantes. La tecnología nos une y conecta, pero también nos distancia cada vez más, evidenciando las diferencias que hay entre nosotros en el acceso y el uso de las tecnologías.

Todavía queda un largo camino por recorrer para adaptarnos a ella de la mejor manera, contemplando los diferentes contextos y reclamando por políticas públicas que garanticen el acceso a internet y a los dispositivos tecnológicos a todos y todas junto al acompañamiento pedagógico necesario.

Mirá el informe completo del Observatorio Argentinos por la Educación