Desear y gozar en pandemia


La pandemia que atraviesa el planeta, y la cuarentena llevada adelante en el país, hicieron proliferar el negocio de venta de packs de fotos y videos por internet. No solo te invitamos a conocer un poco más de este mundo, también te invitamos a reflexionar sobre él.

Bienvenidas y bienvenidos al siglo XXI, las mujeres siguen firme en su lucha por empoderarse, en este caso mediante la venta de packs de fotos o videos en el mundo digital (sí, pueden ser sugestivos o explícitos). Llámenlo efecto cuarentena, efecto ola verde 2018, efecto Instagram, efecto coso, las pibas hoy en día deciden qué mostrar, cómo mostrarlo, cuándo y a quién. Desde “Mejores Amigos” en Instagram hasta las webs más reconocidas para estas prácticas: OnlyFans y Suicide Girls son testigos de este fenómeno “made in 2020”.

La venta de fotos intimas o sugestivas, es una nueva forma de autogestión de la privacidad que, sin dudas, da cuenta de un empoderamiento de quienes lo hacen (en general son mujeres, pero también hay ejemplos más minoritarios de otras identidades genéricas). Las redes sociales, en particular Instagram y diversas webs especializadas, han dado un nuevo espacio de circulación a las generaciones más jóvenes con este plus de poder generar ingresos siendo ellas las que deciden cómo, dónde, a quién. Es parte del empoderamiento que insta en cambiar las relaciones asimétricas de poder patriarcal”, reflexiona Belén Castrillo, Licenciada en Sociología y Doctora en Ciencias Sociales por la UNLP quien además es Becaria posdoctoral del CONICET.

Profundizando esta línea de pensamiento, Castrillo complementa que “dentro del feminismo, las discusiones sobre la gestión del deseo, del cuerpo, de la privacidad, de la sexualidad, nos atraviesan. El debate abolicionismo vs. regulacionismo, trabajo sexual vs prostitución, se inmiscuye en este tema del intercambio de fotos y videos, pero la diferencia sustancial es que no hay intermediarios ni regentes: son las chicas eligiendo mostrar sus fotos y videos, alimentando su deseo y autoestima, ganando dinero a cambio”. Y agrega al tema una perspectiva de clase: “¿Por necesidad económica? ¿Por deseo? ¿Por erotismo? ¿Cómo ingreso extra mientras estudian?”.

Si bien hace un tiempo que viene sucediendo, el año 2020 fue el boom de una práctica que rompe con dos paradigmasmachistas y consumistas: que solamente los cuerpos flacos y marcados por el gimnasio pueden tener un mercado, atrás quedó la imagen impuesta durante años del 90-60-90, y que sólo los hombres consumen porno. Las reglas del siglo XXI son otras, hoy vale tanto lo culturalmente correcto como lo que a vos te guste. Dale, ¿me vas a decir qué no te calentaste con alguien que rompe estos parámetros culturales impuestos?

¡Acaso no viste la primera temporada de Euphoria¡ No hay ejemplo más claro para entender estos tiempos que lo te muestra “Kat”, el personaje de Barbie Ferreira: aniquila lo culturalmente correcto, se empodera, decide cómo y cuándo, hace gala de su cuerpo, gusta, excita, cobra, marca su identidad.De hecho, su papel en la popular serie y su imagen la han convertido en un icono del movimiento body positive.

“Me parece un hecho histórico”

Yamila o @Vaxxiok, como la encontrás en las diferentes redes sociales y las webs que mencionamos anteriormente, es la menor de siete hermanas, de madre portuguesa y padre argentino, está en pleno armado de la tesina para recibirse de licenciada en Artes Visuales. Por si fuera poco, hace dos años también comenzó el profesorado en artes visuales, en la misma universidad (la Universidad Nacional de las Artes). También hace pole dance como actividad deportiva y elongación, como hobby y práctica saludable, le gusta escribir, escribir poesía, leer y deja bien en claro que “soy fanática del escritor checo Milan Kundera, quien por cierto habla mucho sobre el erotismo”.

La verdad es que siempre fui una persona bastante tímida y tranquila, salí del secundario con años de bullying encima, al nivel de que si mis amigas me sacaban una foto sin avisar me generaba ganas de llorar. Un año después de egresar, me habló un fotógrafo que no conocía para decirme que le gustaría hacer fotos conmigo, me reí, me parecía loquísimo que alguien me proponga eso a mí, pero acepté.Si bien dije que me iba a dejar la ropa interior, a la hora de comenzar la sesión de fotos ya estaba desnuda sobre la mesada de la cocina posando.Sin consumir alcohol ni nada, se dio así porque quería y me sentía cómoda”, y agregó respecto de esta práctica que“me sentí bien, si bien Instagram censuró las fotos, gustaron muchísimo a la gente y a mí también, en esos días ya tenía mensajes de varios fotógrafos queriendo hacer fotos conmigo. Eso me generó muchísima satisfacción, saber que lo hacía bien, que me sentía bien conmigo, saber que en el momento entraba en una especie de transe donde mi herramienta de expresión era el cuerpo, y yo podía hacer magia con él”.

Respecto de vender los packs de fotos y/o video coincidimos en que marcan un antes y un después, “generalmente eran hombres los que se hacían fortunas gracias a los cuerpos de las mujeres que exponían en poses estrafalarias y situaciones desafortunadas.Ahora eso se da vuelta y se resignifica esta práctica. Ahora lo llevan a cabo las mujeres, bajo sus condiciones y recaudando casi la mayor parte de las ganancias, lo cual es apropiado por el compromiso que ejerce sobre su imagen. Y esto me parece un hecho histórico y sumamente importante que no puede quedar en las sombras”, afirma Yamila, y sinceramente, la bancamos a pleno.

Por último, @Vaxxiok (tiene más de diez lucas de seguidores sólo en IG, algunas cuentas de este estilo llegan a tener más de 150 mil) afirma que “el feminismo aportó mucho a quitarme mis propios prejuicios. Poder separar las cosas y decir, “Ey me divierto haciendo esto, me divierte mostrar mi cuerpo y lo disfruto. Y eso no quiere decir que sea menos inteligente, o que arruine otro aspecto de mi personalidad valioso”. Lo terminé de decidir porque pensé en que, si a vos te gusta hacer algo que no perjudica tu salud ni la de nadie, que encima te genera buenas ganancias invirtiendo poco tiempo, y la única razón que te frena es la opinión pública o social… Hay que hacerlo. En fin, me produce placer, pero no sexual, sino un placer estético dado mi formación. Básicamente involucro todo lo que estudie en el contenido que vendo, al fin y al cabo, estoy produciendo diferentes imágenes y contenidos audiovisuales”.

En fin, el feminismo vino a deconstruirnos a todos y todas, a replantearnos nuestros aprendizajes respecto de vincularnos, de desear y de la apropiación del cuerpo. Prácticas como las de Yamila pasaron de ser la excepción a ser la regla, no antes mediadas, analizadas y discutidas puertas adentro por la dicotomía abolicionismo vs. regulacionismo (no es la intención de esta nota hablar sobre este tema, para ello tienen una muy interesante crónica de Marisa Tarantino y Agustina Iglesias Skulj para Revista Anfibia).

De hecho, el feminismo es tan disruptivo que ni siquiera el corrector del Word aún hoy reconoce la palabra “deconstruirse”.