Estado, deporte y una súplica al más allá…


Por Rodrigo Romero Bazterrica

Imposible no arrancar el #PasaronCosas de hoy hablando de la selección y de lo que significa poder volver a verla en una final… esperando, soñando, implorando que sea con un final distinto al de las últimas jugadas.

Imposible no mencionar la locura que sentí con el paso a la final, desde haber vuelto a gritar un gol de la selección después de 8 años. Sí, desde el mundial de Sabella (y me pongo de pie para nombrarlo), hasta los penales del “Dibu” Martinez.

Y me quiero detener en este personaje que la mayoría de los Argentinos conocieron recién el martes a la anoche. Por si no sabías,  a los 17 años lo compró el Arsenal de Inglaterra y a partir de ahí arrancó su camino en Europa. Siempre cedido a préstamo por el equipo de Londres, hasta que le dieron la oportunidad de quedarse y atajar por la lesión del titular. Los hizo salir campeón nuevamente después de años.

Luego de esta epopeya se planto y les dijo que quería ser el arquero de la Selección Argentina y que si no iba a ser titular, prefería irse. Lo compró el Aston Villa por 21 millones de euros y no solo fue la venta de un arquero argentino más cara de la historia, sino también nombrado como uno de los mejores arqueros de la Premier, llegó a la selección y, por si fuera poco, la puso en una nueva final de la Copa América.

Y te dije que me quería detener en él, no por esto que te acabo de contar, sino por esto que te voy a contar ahora:

Nació en Mar del Plata y a los 11 años se fue a probar a Boca y River y ambos le dijeron que no. Volvió desilusionado a su ciudad natal, pero luego apareció Independiente. Ahí lo vio Pepe Santoro (histórico arquero del Rojo) y le dijo ‘quédate, no quiero que te vayas’. Así que, se quedó a vivir en la pensión. Persiguiendo su sueño.

Como lo hacen todos los años los diferentes pibes que vienen a probar suerte a Estudiantes y Gimnasia. Como lo hacen muchos, ya de más grandes, que eligen venir a estudiar a la UNLP porque no solo son becados deportivamente y pueden integrar los diferentes equipos del la Universidad de La Plata, sino porque desde la alta casa de estudios platense le aseguran un almuerzo y una cena en su Comedor Universitario.

Sí, la misma que produce alimentos deshidratados para miles de familias argentinas, la misma que produjo el primer alimento bebible a base de quínoa, la misma que está desarrollando  la vacuna contra el COVID-19, Argenvac 221, la misma que junto a Y-TEC y al CONICET va a tener a desarrollar la primera fábrica nacional de celdas y baterías de litio. Sí, la misma que volvió destacarse como la mejor Universidad Argentina según la última edición del ranking internacional de Transparencia, elaborado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas de España.

Imposible no hablar de fútbol en la editorial de hoy, porque todo esto me hizo volver a pensar en el ejemplo del valor de la pelota de fútbol que le quise comprar a mi sobrino en su cumpleaños y salía $1500. En el país de los potreros, en el país de los pibes pobres, en el país en donde quizás la única salida que tengan de su día a día de mierda sea una pelota y la posibilidad de soñar con ser Messi, Rodríguez, Paredes, De Paul, Agüero, Martínez. En ese país, una pelota vale fortunas.

Volviendo al dibu, tras el partido, posteó anoche en su cuenta una foto volando y atajando uno de los penales. ¿La leyenda? “El sueño de todos sigue intacto falta un pasito más. Vamos Selección”.

Barba por favor te lo pido… el sábado tiranos un centro.


#BonusTrack

Pregunto: Del armamento bélico qué durante el gobierno de Macri se envió a Bolivia para generar una golpe de estado, ¿Nadie se va a hacer cargo? En serio, ¿Se van a hacer todos los boludos y boludas?