FMI y Club de París: ¿Qué son y cuánto le debemos?


El Centro de Estudios Políticos y Económicos realizó un informe completo sobre la situación de la Argentina ante las negociaciones con ambos organismos.

La relación de nuestro país con el Fondo Monetario Internacional nació en 1959 durante la presidencia de Arturo Frondizi en 1959, acompañado de su ministro de economía Álvaro Alsogaray que solicitaron un préstamo de 75 millones de dólares. A partir de allí hasta la fecha se han firmado 22 acuerdos con dicho organismo financiero que encabeza Estados Unidos, con el último durante la presidencia de Mauricio Macri por 57.100 millones de dólares.

Según explica el FMI, los créditos que brinda a los países tienen dos tipos de tasas de interés. La primera, es el costo de los derechos especiales de giro (DEG, la moneda del FMI), que se determina en el mercado y que tiene un nivel mínimo de 5 puntos básicos a la que se suma un margen, que hoy está en los 100 puntos básicos (1 punto porcentual).

A eso se añade la sobretasa, que varía según el monto y el plazo de reembolso del crédito. Para calcularla, se tiene en cuenta la cuota de cada país dentro del fondo. Argentina lucha por la quita de la sobretasa que se reflejaría en un ahorro cercano a los 4.000 millones de dólares.

Si el crédito pendiente de devolución supera el 187% de la cuota máxima a la que puede acceder cada país (y que está relacionada con el capital aportado al organismo), hay un recargo de 2% anual. Ese extra trepa al 3% después de los tres años. En el caso argentino, que obtuvo un crédito por más del 1000% de su cuota, el sobrecargo actual se encuentra en 200 puntos básicos.

Con respecto al Club de París también se encuentra emparentada a la historia económica de Argentina, ya que fue creado en 1956 para tratar un caso particular de nuestro país, surgiendo el nombre debido a que Francia fue el anfitrión para el tratamiento de aquel entonces. De los nueve acuerdos que firmó Argentina, el último lo realizó en 2014 era por 9.690 millones de dólares (4.955 millones corresponden a capital, 1.102 millones a intereses y otros 3.633 millones de dólares a punitorios, es decir cargos que se agregan por no haber pagado a tiempo), pero es distinto a los que acostumbraba firmar porque no incluyó la auditoría y ni condicionalidades del FMI como requisito para su concreción.

La historia moderna de nuestro país no se puede separar de los constantes acuerdos de deuda con organismos internacionales. Al mismo tiempo, no se puede separar de las recurrentes crisis de deuda, esto es, la imposibilidad de pagar los créditos pedidos.

Es evidente que Argentina no puede devolver lo solicitado en los términos acordados y debe renegociar para que se consigan dos objetivos primordiales, pagar lo que se debe, pero de una manera que se pueda devolver sin el sufrimiento de los argentinos, como se hizo en 2006 con la llegada del gobierno de Néstor Kirchner se reparó esa cuestión.

Al mismo tiempo es necesario deber menos, pero producir más, porque resolver la deuda es condición necesaria pero no suficiente para el despegue económico. Ahí se evidencia la necesidad de aumentar la producción, para aumentar el empleo, conseguir la estabilidad cambiaria y bajar la inflación para terminar con la pobreza.