“Los libros son una manera de aunar la impotencia, la bronca y el dolor por todas las que faltan”

Por Gabriela Chamorro y Candela Cavenaghi – Las brujas que salem

Parte de la literatura intenta revisar temas de los que se ha hablado mucho, pero con un enfoque de género y también instalar temas de los que antes no se hablaba. Además de las ofertas específicas de investigaciones y análisis sobre esta temática hay un boom de novelas, ficciones, historias personales que son más que buscadas por miles de mujeres.

En Argentina a escritoras como Selva Almada, Mariana Enriquez, Gabriela Cabezón Cámara se sumaron mujeres que, ya en sus primeros libros nos “volaron la cabeza”, como Camila Sosa Villada, con “Las malas” y Dolores Reyes con “Cometierra”, en el 2019 y la tan esperada “Miseria” este año. Con ella hablamos Las Brujas para desgranar su propuesta y conocer a la autora detrás de éste éxito tan merecido.

-Como brujas que somos nos devoramos las dos novelas: “Cometierra” y “Miseria”. Para alguien que no te conoce ni sabe de qué van las historias qué es lo que podés contar sin spoilearlas?

-“Cometierra” es la historia de una suerte de vidente, que es una niña muy chica, que descubre- al principio de la novela- que tiene un don. Esto ocurre en el peor momento de su vida cuando está en su casa y la obligan a acompañar el cortejo fúnebre de su mamá hacia el cementerio.

Nadie le explica qué pasó con la madre, simplemente está muerta. Hay que llevarla a esta tierra de los muertos y ella no quiere ir, quiere que la entierren en su propio terreno, en su casa. 

Cuando finalmente la convencen, ella busca una forma de guardar algo de esa mamá dentro del cuerpo, entonces apoya las manos en la tierra y empieza a tragar, y ahí cierra los ojos y descubre que puede ver los últimos momentos de vida de la mamá que es justamente, unas imágenes muy terribles, porque ella ve a su papa asesinándola a golpes.

Hay una premisa en “Cometierra”, en realidad en las dos novelas, que es que la tierra que habitamos nos conoce, porque dejamos una huella, una marca indeleble en la tierra. Lo que esta niña hace, de alguna forma, es poder leer lo que la tierra le muestra y, a veces, comunicárselo a esas personas buscadoras que están atrás de la pista de un ser querido que no volvieron a ver nunca más.

-Dos libros que son impactantes y que han tenido un éxito rotundo no sólo en nuestro país, sino en muchos otros con culturas muy disímiles ¿creés que es porque tocás temas que, lamentablemente algunos de ellos, como los feminicidios, son universales?

-El tema de los feminicidios y las violencias machistas por supuesto es un tema sistémico y absolutamente planetario. El patriarcado es planetario y lo que hace es reactualizar las formas de las violencias de acuerdo a cada cultura, cada región, pero sin embargo existen en todos los territorios.

Tuve la oportunidad de viajar con “Cometierra” bastante y ver cómo a los otros públicos les llega el tema de las violencias, y también otros que en la novela son universales:la relación de los hermanos o  la primera relación sexo afectiva.

En la historia son dos hermanos hijos de un feminicidio que quedan solos criándose entre ellos. Hacen una suerte de pacto Walter y Cometierra de no abandono y acompañarse, incluso cuando no están de acuerdo. Walter muchas veces le dice a Cometierra que no quiere que coma tierra y ella le dice que sí, que va a volver por una cosa o por otra, y sin embargo nunca se violentan, siempre están ahí el uno para el otro.

En “Miseria” también hay temas universales.  La relación principal en la novela es la amistad, y sobre todo una amistad entre mujeres. Yo quería trabajar ahí. Es un tema central en la vida de las mujeres y a su vez no esta tan transitado en la literatura.

Miseria es una novela a dos voces entre Miseria y Cometierra. Pero   también aparecen otras mujeres que son muy muy importantes en la vida de las dos como Tina y la Señora de los Panes. De alguna forma creo que los libros también llegan a distintos públicos por esas temáticas. O también hablar del nacimiento, cómo se recibe a un niño de este lado de la vida y lo contrario, como se despide a alguien cuando ya no está. Qué se hace con una persona que murió, esos también son de alguna forma universales tanto como la tierra que alberga nuestros muertos, de alguna forma siento que hay algo ahí en los personajes y en las historias que es lo que llega a tantos lectores de tantos países.

-Para meterte con estos temas de las desapariciones, las muertes, las búsquedas, los duelos cómo hacés por un lado para no copiar sin querer algo de la realidad. En el presente estamos viviendo todo lo que pasa con la búsqueda de Cecilia en el Chaco y son cosas que si uno lo viera en una película parecería inverosímil y por otro lado cómo podés meterte en ese clima de tanta angustia y luego tener que salir para continuar con tu vida diaria.

-En realidad el tema en particular del femicidio me tiene muy muy enganchada desde que era muy chica. Más precisamente, desde que tenía 10,11 años y aconteció el caso de María Soledad Morales que me sacudió la existencia por completo. De alguna forma siempre quedé como en un loop, como volviendo a estos casos que desafortunadamente se repiten todo el tiempo.

Cecilia está siendo buscada y tampoco podemos decir ya, con certeza que es una víctima de feminicidio, porque justamente desaparecieron su cuerpo. Porque hay algo que se les niega a las víctimas y a sus familiares, a sus seres queridos, que tiene que ver muy profundamente con la condición humana de la necesidad de enterrar y despedir un cuerpo que está siendo negado, como a muchísimas otras mujeres, como a Tehuel de La Torre y como a infinidad de personas en este país y en América Latina. Cometierra aparece ahí no sólo para rescatar a una persona secuestrada que quizás está viva, sino en esta misión de devolver un cuerpo, que es tan importante, porque la familia, los seres queridos, quedan en una suerte de loop eterno, con una herida abierta de la incertidumbre del no saber realmente con certeza qué pasó y dónde está.

Desafortunadamente no solo en este momento Cecilia está siendo buscada, hay un feminicidio por díaen Argentina, entonces hay día a día una nueva víctima, que a veces, por supuesto no llega a los medios, y hay también una familia sola con un grupito de allegados buscando y con un dolor y una mochila de horror y espanto solos a cuesta.

Es en el mundo actual un requerimiento de todos de un Estado y una Justicia que esté a la altura y que no sea tan ineficiente en estos casos. En la novela también aparece la policía que se cansa de buscar o la Justicia que no investiga ¿Cometierra viene a cubrir un poco ese vacío que dejan quienes deberían accionar?

-En Argentina y en América Latina es terrible el rol de los Estados. De hecho en el caso de Cecilia en particular, hay algo ahí, algo muy turbio. En la medida en que se avanza cada día se oscurece un poco más. No es fácil desaparecer una persona, tenés que tener una estructura, sí es mucho más sencillo el tema del asesinato: el cuerpo queda ahí, los restos, las pruebas… En nuestro país ¿qué pasa que cuando hay un robo hay infinidad de pruebas para inculpar a alguien y cuando hay un feminicidio que implica sangre, pelo, restos, un montón de materialidad, incluso los feminicidios como el de Melina Romero, donde hay 5 sujetos, violadores que la muelen a palos y la matan salvajemente no hay pruebas para que después esa gente vaya a la cárcel? Algo nunca me cierra de todo esto.

La verdad es que no es que yo decidí “voy a escribir ficción en torno a los feminicidios” sino que pienso personajes muy jóvenes, como Miseria por ejemplo y lo acompaño en una experiencia vital, y siento, al hacerlo, que no pueden transitar la vida sin chocarse con la violencia.

No puedo pensar la vida de pibas tan precarizadas sin toparse con distintas formas de violencia, y de alguna forma sí, los libros son una manera de aunar un poco la impotencia, la bronca, el dolor por todas las que faltan, la necesidad de tierra y de justicia para nuestras vidas.

Lo que me interesa a mí, para las pibas, es que puedan vivir, tan simple como eso. De alguna forma es eso lo que escribo en las dos novelas, porque pese a ser oscuras y tristes, también son absolutamente esperanzadoras y muy vitalistas.

-Sí, absolutamente muchos temas como los vínculos familiares, las redes que hacemos las mujeres, la violencia obstétrica, el embarazo adolescente y muchas de las temáticas que hemos puesto en agenda desde el feminismo están en “Cometierra” y “Miseria”.  También el rol de la maestra, la señorita Ana que, al igual que vos está relacionada con la educación que ejerciste por mucho tiempo…

-Sí, fui maestra desde los 19 años, creo que ésta es una de las primeras veces que lo estoy poniendo en tiempo pasado.

Trabaje hasta el 15 de marzo de este año.  Realmente todo lo que tiene que ver con acompañar a un libro, ir a festivales, hacer actividades de presentación y el libro que sigue saliendo en muchos lugares se me hizo complicado seguir con la escuela. “Cometierra” salió en Dinamarca, no fui hasta allá, hice presentación virtual pero de todas formas nunca me daban los permisos. Ya era imposible cuando había menos actividades, ni siquiera me dieron permiso para ir a la Feria del Libro, con toda esta avalancha de actividades fue realmente difícil.

-El rol de la señorita Ana, en momentos donde a veces, desde la política misma es una actividad tan menospreciada, es central en los dos libros, sobre todo cuando pone énfasis en ese trabajo social de los docentes ¿no?

-Yo soy hija de la escuela pública y por muchísimos años, me gustara o no, pasaba más horas en la escuela con otros niños que, con los míos propios. De hecho para solucionar eso, durante mucho tiempo los termine llevando a las escuelas que iba yo, para verlos. Es un espacio donde se crean lazos muy importantes. Además estamos todos en la misma, si el aula se llueve, si la pared esta electrificada, si hace frio y no tenemos estufa, todos estamos en la misma. Entonces es una experiencia muy fuerte, yo la vivo desde los 19 años, adoro a los niños, jamás me fueron indiferentes, creo que si eso ocurriera te tendrías que retirar de la docencia.

Y pienso que por tan poca plata en comparación a lo que uno necesita para vivir aceptablemente en Argentina, los docentes hacen un laburo inconmensurable, y son quienes se siguen preocupando por el bienestar de los pibes, porque aprendan, porque coman, porque sepan leer, por llevarles un libro, o sea es una tarea enorme, no es que uno va, da una clase indiferente y se retira. Es más complejo y completo, uno se va cargado con una mochila, un montón de cosas, muchas de ellas emocionales, todo eso a la hora de pensar el personaje de Ana está ahí y en el doble de sentido en con doble dirección, de Cometierra hacia ella y de Ana hacia Cometierra.

Es un personaje muy particular también, porque muere cuando Cometierra tiene unos 8, 9 años y ella 23. A partir de allí se le aparece todo el tiempo en sueños, sobre todo porque hay algo ahí de la impunidad que la hace volver, que hace que Ana no pueda retirarse del todo hacia el mundo de los muertos y por eso vuelve permanentemente en sueños. De alguna forma Cometierra sigue creciendo, sigue cumpliendo años y Ana no, entonces se van emparejando y la relación empieza a cambiar por esto, porque ya no es tan vertical de la maestra adulta y la niña alumna, sino que empiezan a ser mucho más próximas y a su vez Ana es un fantasma. Con esto se vuelve más sombría, más fantasmagórica, mucho más oscura por momentos, y a veces también retoma el rol un poco de cuidadora tratando de preservarla en situaciones que se le vienen a Cometierra encima.

Dos novelas quizás no muy extensas en páginas, pero muy intensas en la cantidad de temáticas que tocan, donde también pintás muy bien todo lo que tiene que ver con las vulnerabilidades de una clase social, con el conurbano, con las desigualdades sociales y con entender que a cualquiera de nosotras nos puede pasar que nos maten y nos desaparezcan. Y una frase que Miseria le repite todo el tiempo a Cometierra “Tu don es oro”, contános un poco sobre eso y esa relación.

(Risas) -Sí, Miseria es súper pragmática en ese sentido. Cometierra por su lado está en un divague súper entendible de qué va a hacer con el don, si va a volver o no, pero es como una cuestión un poco filosófica de su propia vida. Y su amiga Miseria el punto opuesto le insiste “Vos sos la mejor vidente del mundo, vamos a facturar”, mucho más simple, cero problema con todo.

En  realidad son dos chicas del mismo status social, muy pegadas en edad, muy próximas corporal y afectivamente pero que son muy distintas en cuando a personalidad, Cometierra es muy dark y está muy ensimismada al comienzo de la novela, porque no sabe si va a volver a la tierra o no, está como sopesando eso, que es de alguna forma algo que va a definir el resto de su vida: si usa el don o no. Y Miseria la tiene súper clara, quiere que vuelva con todo y que facture y que la pasen un poco mejor ya que su amiga no es una charlatana sino que es una vidente real, y le dice todo el tiempo algo, que es esto “Cometierra acá tu don es oro” porque también conoce el lugar en donde están, conoce Liniers, en cambio Walter y  Cometierra no salieron del barrio nunca, y están como un poco apabullados por salir de un barrioe ir hacia un lugar con tanto tránsito y movimiento y locura como es el centro de Liniers.

-Cometierra transcurre en Pablo Podestá y Miseria en Liniers, en el límite entre ciudad y provincia y se mudan allí con cierta esperanza de que, porque cambien geográficamente de lugar, la situación va a cambiar, una constante que vemos en la vida de muchas personas…

-Si, también me parecía interesante reflexionar de alguna forma sobre la gente, la población del conurbano, en determinadas décadas, fue gente del interior que venía a Buenos Aires pensando que también acá su realidad iba a cambiar, iba a ser mejor y se encontraron con otra cosa, con una ciudad bastante hostil, expulsiva. De alguna forma cuando Cometierra, Miseria y el Walter van a la ciudad también van escapando de cierta violencia que se les viene encima pero se encuentran con el impacto de esa zona de tanto tránsito, migración y movimiento diario y permanente sobre la vida de las mujeres. Cuando Cometierra sale y se encuentra con los volantitos ofreciendo mujeres, ofreciendo videntes, ofreciendo cuerpos para consumo y los letreros de la búsqueda implacable de infinidad de pibas desaparecidas… Ahí ella se da cuenta del costo de la ciudad sobre la vida de las mujeres, una suerte de amansadora permanente en donde la ciudad mastica cuerpos -y ese borde de la ciudad- mastica cuerpos de pibas y los desaparecen.

Nina Ferrari dice” Somos lobas que despertamos de la pesadilla de ser corderas”. En uno de los últimos capítulos de Miseria hay mujeres despertando de esa pesadilla, reclamando, marchando. En el país y en el mundo entero se dio este despertar. Sos considerada junto a otras escritoras quienes tomaron la posta de escribir sobre esto en la literatura. ¿Cómo vivís esa responsabilidad?

Con cierta naturalidad de alguna forma y con responsabilidad, esa palabra es la que viene como anillo al dedo en sí.  Por momentos me doy cuenta y noto eso. La militancia mía empezó a los 14 años cuando prácticamente nadie o muy poca gente militaba por el aborto o por las leyes reproductivas. Ahora con 10 años a pleno del reclamo y del ejercicio de derechos hay como una escuela de voces, de levantar la voz y hacernos escuchar.

Si, siento por supuesto, que sigue habiendo un montón de mujeres más a lo largo y ancho de todo el país, que siguen siendo silenciadas, y también por eso me interesa poner tantos personajes tan chicos y desamparados.

Pienso en Miseria y su embarazo avanzado solita en un hospital…. y no es que yo tengo previsto representar esa situación que vive como “violencia obstétrica” sino que al ir acompañando su historia sé con qué se va a encontrar, porque veo como son recibidas esas pibas. Y por supuesto que habrá enfermeras copadas y personal de la salud sensible, pero realmente me imagino y sé, que hay infinidad de gente que es horrible con pibas así en estado de vulnerabilidad y desamparo y que las tratan como si fuesen basura, de hecho he presenciado situaciones así. La ficción muchas veces sale de ahí, apunta a la realidad y señala situaciones que ocurren y están tan presentes, como las violencias.