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Mujeres protagonistas de la historia del vino

Que las mujeres participaron siempre de la historia del vino es una realidad, que, como muchas otras fue siempre invisibilizada por obra del patriarcado.

En muchas regiones de nuestro país se están recuperando esas historias y construyendo un presente en donde la producción vitivinícola a cargo de mujeres se fortalece tejiendo redes y recibiendo también apoyo estatal.

Berisso no es la excepción. Realización de talleres específicos para mujeres, recopilación de historias de las ancestras siempre presentes en el cultivo, el cuidado de las uvas y el proceso de producción del vino; historias de saberes que fueron pasados oralmente de generación, en generación, todo confluyó en la última Fiesta, la número 20 del Vino de la Costa de Berisso y posibilitó que dos mujeres, Mariana Casali y Alejandra Bulich, se alzaran con el primer premio en la categoría vino tinto seco de la costa.

¿Qué recorrido posibilitó éste éxito? ¿qué ingredientes tiene el vino galardonado? ¿cuán importante es este espaldarazo para romper con estereotipos que queremos desterrar? De esto y mucho más hablamos con las protagonistas de esta historia.

-¿Qué significa para ustedes, como berisenses, lograr este premio en esta actividad tan ligada a la producción de la ciudad y a la vez tan masculinizada?

Mariana Casali: -Fue una alegría enorme. Hace dos años que venimos incursionando en el vino de la costa. Este año el premio fue por el vino tinto seco y creemos que somos las primeras mujeres que ganamos esta categoría.

La realidad es que lo vivimos como un desafío, decidimos hacer una producción chiquita y ver cómo nos iba.

Si bien nosotras con Ale materializamos esta producción la sentimos en nombre de todas las mujeres con las que venimos trabajando. Desde el primer taller de vino -este año se hizo el segundo- hemos recuperado distintas historias y saberes de las mujeres y es por eso que lo sentimos como un proyecto realmente colectivo.

Acá en Berisso muchas familias están relacionadas con la historia del vino. Mis hermanos, mi abuelo, pero pienso también en mi abuela que trabajaba a la par en la quinta y que nunca se sintió realmente protagonista. Así que ganarlo fue un desafío por ella y un reconocimiento para todas las mujeres que fueron son y serán parte de esto.

Alejandra Bulich:Sí, es así la idea nuestra fue recuperar una práctica que tenían las mujeres de la ciudad y que estaba vinculada a la producción del vino. En los relatos recogidos nos dábamos cuenta que eso no constaba en ningún lado.

Por eso armamos hace dos años el primer taller de vino para mujeres en el marco de la conmemoración del Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Fue una sorpresa hermosa, porque habíamos pensado un taller con 20 cupos y se inscribieron más de 100 mujeres de distintos lugares.

Hacen ambas hincapié en lo “colectivo” y en las ancestras que trabajaron de las que no se habla. ¿Es una tarea feminista contar su papel en la actividad?

Alejandra Bulich: -Absolutamente. Desde el primer taller empezamos a hacer una breve investigación fotográfica, y encontramos un montón de fotos divinas, muy viejas y con mujeres vinculadas al vino, sobre todo en Europa y Francia. Enseguida quisimos hacer un paralelismo con esas imágenes de lo que había pasado en la región pero fue muy difícil encontrar esos archivos. Si bien la foto no estaba, sí aparecían ellas en cada historia: los relatos de “La Nona” ligada a la quinta y al viñedo era una constante con quien habláramos. Y hay un tema muy fuerte que es la realidad de que las mujeres somos la mitad de todo y en este sentido poder mostrar que en la producción del vino no había tareas menores.

En los recuerdos sí aparecen las palabras “Sí, ella acompañaba, o yo acompañaba” y la verdad es que cuando uno repasa el proceso las mujeres aparecen ligadas en todas las etapas de la producción y en todas las tareas.

Por supuesto que también rondando al tema del vino están esos conceptos del alcohol, de la embriaguez, de la cosa prohibida, de que las mujeres no debían tomar. Nos animamos a romper con todo eso y construir una historia que es la misma, vista desde otro lugar y que es maravillosa.

¿Y a la hora de producir con qué técnica e ingredientes contaron?

Mariana Casali: -La protagonista del vino es la uva Isabella, con ese nombre de mujer, algo tuvo que ver seguro. Además al aprender y al producirlo se da algo hermoso que es que las mujeres hacemos un círculo enseguida. La uva tiene una mística muy particular, no hay duda, pero esa ronda tiene magia y es algo ancestral también.

Alejandra Bulich: -Por supuesto que es así. Nosotras desde la técnica no somos expertas. Nos cuesta incluso hasta ponerle nombre, las mediciones que se hacen, los procesos que hay que respetar, no es algo simple en verdad. Pero tuvimos dentro de esos ingredientes compañeras hermosas que formaron parte de este proceso

Por otro lado, la Fiesta, que este año cumplió 20 años nuclea a mujeres productoras, mujeres que laburan la tierra, que transmiten recetas y sabores de generación a generación, las mujeres de la Rivera en Berisso que compartieron con nosotras todo este proceso y que se vienen preocupando hace un montón y hacen apuestas para seguir diciendo lo que venimos diciendo y dándole visibilidad a los que nos interesa que es reivindicar la lucha de tantas. Cuando las mujeres nos juntamos en círculo y ponemos la palabra es una forma de sanar algunas cuestiones también. Hay algo de sanar, y hay algo de pócima, hay una mística particular, todo eso forma parte de este vino que se llevó el primer premio.