No podía ser de otra manera


Por Rodrigo Romero Bazterrica

Antes que nada, te pido disculpas porque el sábado pasado no te llegó mi #PasaronCosas de esa semana, pero te juro que tengo un motivo por demás valedero para no haberlo hecho.

Quizás, seguramente, hoy no sea de las mejores editoriales políticas que yo haya hecho, ni que vos hayas leído…

Si bien no podemos dejar de mencionar que:

Alberto anda de recorrida por Europa y que el consenso y el apoyo conseguido por las grandes potencias de aquellos lados es unánime.


Que para una gran parte del país, esta situación los haya hecho festejar porque CFK quedó nuevamente como presidenta.

Que, para otra parte mucho más chica, no pueden soportar verla de nuevo en esa función.

Que la provincia de Buenos Aires no sólo ya vacunó a más de 3 millones de personas, sino que, además, está llevando adelante las negociaciones para comenzar a comprar vacunas de manera directa, y que, a su vez, ya habilitó a las personas de diferentes nacionalidades que viven en su territorio a inscribirse para recibir su correspondiente dosis.

Que Macri, el que dijo que se iba a vacunar cuando se haya vacunado el último argentino, viajó a Miami a darse su dosis anticovid. En la misma línea, Jorgito Rial se quejaba hace un tiempo de Nacho Viale y ya avisó que, en breves, sale para el país del norte a aplicarse una dosis de Pfizer.

Que se encuentra estipulado que durante el mes de mayo ingresen 4 millones de dosis al país. Stop: supuestamente para fines de abril ingresaban bocha de dosis de AstraZeneca y no aparecieron. Todo bien, no festejemos por adelantado… Bastante bien que todas las semanas sigan entrando vacunas.

Que en el escenario político comienzan a aparecer, como pasa en los hipermercados, las segundas marcas. Esos productos/políticos más baratos que solo sirven para quitarle compradores/seguidores a la competencia. Nombres sobran, anotá: Florencio Randazzo y José Luis Espert, entre otros.

Como te dije, hoy no hay análisis más que plantear algunos de los temas que fui viendo en esta semana rara… Básicamente porque quiero detenerme en algo que mencioné anteriormente y es esa sensación de que, si bien falta poco para pasar esta pandemia (uno o dos años más), la angustia de no saber quiénes vamos o van a llegar al final es terrible

Pues bien, estas líneas de hoy están dedicadas a Julito, mi viejo.

Que tenía miedo de darse la vacuna porque le comieron la cabeza los medios diciendo que era veneno, que era sumamente de riesgo por su afección cardíaca y que, para sorpresa de todos, se la pasó encerrado cuidándose (era una persona bastante transgresora).

Que tanto él, como nosotros, estábamos chochos porque el jueves 6 se había dado la Sputnik. Por diferentes motivos de la vida, no pudimos acompañarlo (vivía en San Bernardo y le íbamos a dar la sorpresa de ir con sus nietos al vacunatorio en San Clemente, pero no se pudo).

Que aprovechamos de la tecnología y vía WhatsApp, videollamadas y demás, lo fuimos acompañando durante el viaje y hasta nos permitimos reírnos de la situación: “Sos radical y un gobierno peronista te va a salvar la vida”, “Viviste equivocado siendo radical”, “no lo digas fuerte a ver si no te dan la vacuna” y demás audios volaron en ese viaje de media hora…

Julito, mi viejo, falleció el viernes, al otro día, no nos dio tiempo ni de comer por última vez el asado que había comprado para su cumple y que tenía guardado en el frízer.

No fue el mejor padre. Creo que ya no importa, se lo llora como si lo hubiese sido. Lamentablemente, me faltó esa última charla para contarle en qué andaba y por qué no había podido acompañarlo a vacunarse. Creo que estos últimos años de vida, él ya no sintió la necesidad de pedir disculpas y yo mucho menos las de que él me las ofreciera… Con todas las limitaciones del caso (es difícil tratar de conectar con alguien que suele guardarse todo), hemos podido reconstruir una buena relación.

Cumplimos el ritual a rajatablas, fuimos los tres hijos y, en su bajada del mar, tiramos sus cenizas, en silencio, acompañados de un día precioso, con el mar calmo, sin viento, soleado, con la playa sola para nosotros tres y él

Hoy pediría una sola cosa: tener cinco minutos más con él para preguntarle algo muy básico: ¿Pudiste ser feliz?


Y vos que me estas leyendo, ¿lo sos?