Cripto-Justicialismo


Por Jerónimo Guerrero Iraola

Disclaimer: en esta nota no vas a encontrar nada novedoso. No vas a aprender de blockchain ni de criptomonedas. Son solo algunas preguntas.

Existe una marcada tendencia, en los ámbitos de participación política del peronismo, a negar aquello que, a priori, nos presenta desafíos o dificultades. El universo cripto es uno de ellos. Las definiciones apriorísticas nos conminan a eludir el debate, a rechazarlo de plano.

Está claro que el mundo cambia. Mucho. A velocidad relámpago. En forma exponencial. La entrevista Caja Negra a Santiago Siri, en este punto, funcionó como disparador. Lo más interesante del mundo blockchain, desde la perspectiva política es, a mi modo de ver, la generación de una enorme red descentralizada de cooperación, y el hecho de que no están (quienes forman parte de esa red), teorizando respecto a la dictadura del proletariado o el devenir de un mundo emancipado, lo están haciendo.

Sí, no hay tecnologías neutrales, y tampoco existe una exención de riesgos. Consumo energético, lavado de activos, especulación financiera, intentan cooptar el sentido de los nodos rizomáticos de esa cadena de bloques. Pero ojo, que si miramos con detenimiento, en el mundo fiduciario, ese en el que apostamos “a la creencia en Dios” (In God We Trust) y a las tasas de la FED como razón última, tampoco estamos protegidos frente a la maquinaria de la reproducción obscena del capital, aquella desprovista de toda escala humana, de cualquier atisbo de justicia social.

Entiendo que las recetas y premisas que dieron lugar a la experiencia justicialista, hoy entran en tensión con las dinámicas globales. El Justicialismo que nos enamoró (y enamora), supo construir materialidad; edificar en términos performativos, en base a las posibilidades técnicas, económicas y políticas imperantes hacia mediados del Siglo XX. Ello, a partir de un análisis minucioso de las dinámicas geopolíticas.

Cada época presenta oportunidades. El proceso comprendido entre la tercera y la incipiente cuarta revolución industrial implicó, como bien explica Siri en la entrevista, una enorme monopolización y privatización no solo del hardware, sino del software y, posteriormente, de los datos. Facebook, Amazon o Alphabet (Google), son proto-Estados. Esto inaugura una serie de nuevos desafíos no solo en el plano del desempeño económico/financiero de los Estados (es su clave “moderna”), sino también riesgos en lo concerniente al sentido de las instituciones democráticas tal y como las conocemos (¿Ah, no? Veamos el asunto Cambridge Analytica). Si a ese cóctel sumamos una desigualdad creciente, y unos flujos de consumo maxi-globalizados, el resultado es nada promisorio.

¿Y entonces? La criptografía, y sus aplicaciones tecnológicas, nos ofrecen un escenario interesante. A ello debemos sumar nuestra creatividad para resolver problemas (sobrellevar la vida) desde las periferias. Se puede crear valor, pero, ante todo, existe una posibilidad tangible, real y contundente de dotar ese valor de un profundo sentido soberano. ¿Qué FMI auditará el mundo del blockchain? ¿Qué son allí las balanzas de pago? ¿Qué la emisión? Preguntas sin respuesta clásica que se lanzan al infinito mientras, insisto, el fenómeno está ocurriendo.

Allí donde las sentencias preliminares ven un mundo de personas individualistas, un acercamiento al campo permite apreciar enormes redes de cooperación, un sentido altruista de determinadas acciones, la socialización del conocimiento vía código abierto, la participación e inteligencia colectivizada en afán de resolver problemas actuales.

Esta nueva aproximación, más exploratoria, me llevó también a pensar que hay un sitio para construir una mirada en términos de justicia social. Esa visión debe abrirse lugar entre la mirada idílica de los actuales dueños de Internet y el “progreso”, aquella que reproduce brechas y dispositivos de inclusión/exclusión; y la mirada distópica, al estilo Black Mirror, que me animo a imaginar que es hasta promovida desde esos grupos concentrados para ahuyentar cualquier vocación real de disputa sobre la red.

Otra existencia es posible. Otra economía. Otras lógicas. Nuevas dinámicas de hacer comunidad... Diversas formas de distribuir, de dar valor. Claro que entrarán en tensión todos nuestros cimientos. Habrá vértigo. Tendremos que explorar cómo, por dónde. Pero resuena esa definición de Siri, <<lo estamos haciendo, y volveremos obsoleto lo existente>>. Juan Domingo Perón hace un racconto, en La comunidad organizada, de cómo los modos de organización política presentaron tensiones entre el yo y el nosotros, y de cómo existen ciertos valores cuya realización requiere de una férrea composición social. Algo más surge. Todo sistema es imperfecto. Hay uno (no tan nuevo) en gestación. No ser permeables, no dar el debate, no pensar sus alcances, será el apartamiento total de las premisas de nuestro movimiento.