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De los clubes de barrio a la Selección

Por Virginia Fermanelli – REDAcción – Instituto de Capacitación Política

Los clubes de barrio, cuna de Messi, el Toro Martínez, Paredes o el Dibu Martínez, siguen siendo un semillero que llega hasta la Selección Nacional: 23 de sus 26 jugadores nacieron ahí, entre canchas gastadas y camisetas prestadas. Pero hoy, según un relevamiento de 12.000 instituciones en 2025, el 40% está peor que en 2023.

Julia Tapo es la madre de una joven que practica hockey en un club de General Belgrano, Provincia de Buenos Aires, uno de los doce mil registrados. El Club Belgrano es uno de barrio, como en los que nacieron jugadores de la Selección Argentina como Leandro Paredes -Brisas del Sud, de Mataderos- y el “Toro” Lautaro Martínez -Liniers, de Bahía Blanca.

En el entramado social de estos clubes aparece un factor común que atraviesa a jugadores, entrenadores y familias: pasión y entrega incondicional. Todo parece germinar cuando se articula la ecuación de la familia acompañando y traccionando con la institución, el profesor formando niños y jóvenes, y el club como un paraguas que amplía la capacidad de contención.

Es un diferencial que forja un motor en cada partido vivido por las familias y entrenadores, desde los que se disputan en las canchas de los pueblos hasta los que se vivencian en un escenario mundial.

El mítico entrenador de la Selección Argentina de Vóley, Daniel Castellani, recientemente fallecido, lo sintetizó durante una entrevista televisiva a Deport TV Central: “Mirado desde afuera, el deporte argentino es un milagro que, estando acá, no podemos dimensionarlo”.

Castellani cuenta que el secretario de Deportes de Polonia le preguntó con asombro “cómo hacen para ganar en todo sin presupuesto ni recursos”. El DT contestó que “tenemos clubes de barrio y sociedades de fomento que hacen. No hay plata, no hay un programa, pero hay lo que no tienen otros países: la pasión de ese dirigente que hace la rifa, el loco que construye un tinglado… ese profe al que no le pagan, o no le alcanza el sueldo para hacer lo que hace, pero le pone, va y estudia y me pide videos… eso es cotidiano. Para nosotros es normal, ahora, desde afuera, tiene un valor distintivo y monumental”.

Julia integra la subcomisión de hockey del Club Belgrano, que acaba de cumplir 110 años, en una ciudad de 23 mil habitantes. Para los partidos visitantes, alquilan micros con lo recaudado en las cantinas de los partidos locales. Y son las madres que se organizan para eso porque “tratamos de que los profes no tengan idea de los gastos, que se enfoquen en el entrenamiento”. Un recurso es la rifa del “chancho móvil”, con los números en venta al pie del asado en una esquina y el premio entregado a domicilio al ganador.

En los clubes de barrio late un país entero. Juan Esteban Tolosa, presidente del club, lo dice sin rodeos: “cumplimos un rol social con becas a las muchachas y los pibes que no pueden acceder por diferentes motivos. Tenemos 11 disciplinas, cada una con su subcomisión formada por los padres”. Este esfuerzo es cada día más necesario: sostiene meriendas, entrenamientos y sueños.

Hoy los clubes están jugando el partido más difícil: el de sobrevivir sin apoyo del Estado con menos recursos, menos profesionales y más necesidades. Y entonces aparece la pregunta que duele y que no podemos esquivar: ¿cómo vamos a seguir teniendo jugadores que hoy emocionan al mundo si las instituciones que los forman están siendo abandonadas?

En clubes de barrio de toda la Argentina comenzaron su camino la mayoría de los jugadores que hoy integran la Scaloneta: Todos ellos nacieron futbolísticamente en instituciones sostenidas por vecinos, donde el potrero fue escuela, refugio y destino. No sorprende que los subcampeones de la Selección Nacional agradezcan, una y otra vez, el apoyo recibido en los clubes de barrio donde comenzaron. Basta recordar el llanto del “Toro” Martínez, que tras vencer a Inglaterra evocó el esfuerzo de su familia para comprarle sus primeros botines y el acompañamiento de quienes lo vieron crecer.

En lo micro, hoy palabra tan de moda, Julia Tapo se ilumina al recordar la hazaña: su hija fue la tercera goleadora del equipo femenino de Primera División que, después de veinte años, volvió a levantar el título en la Liga de Hockey de la Cuenca del Salado. Lo entendió de inmediato: ese regreso histórico no habría sido posible sin el empuje silencioso y decisivo de las familias, que sostuvieron cada entrenamiento, cada viaje y cada sueño.

Pese al aumento de gastos, el 75 por ciento de los clubes aumentó sus cuotas por debajo de la inflación. Lo que los salvó fueron los aportes provinciales, que ayudaron al 26% por ciento de las entidades, municipales para el 39% y privados para el 27%. Casi todos inventaron actividades para recaudar. Igual hubo un doloroso ajuste, con un 30% por ciento reduciendo su personal y un 60% perdiendo profesionales.

Conocer el detrás de escena de los clubes de barrio es entrar a la trinchera donde se forja la pertenencia. Ahí, entre paredes descascaradas y canchas que resisten, se teje una verdad que atraviesa generaciones: los clubes no solo forman jugadores, forman comunidad.

Explorar sus realidades es entender que cada entrenamiento, cada merienda y cada camiseta sostiene la solidaridad de un país entero. En esos espacios, donde nacieron ídolos populares, se juega el partido más profundo: el de la identidad colectiva.

El origen de la Escaloneta

Los clubes de barrio fueron el primer territorio de donde muchos de los jugadores de la Selección empezaron a construir su sueño: Lionel Messi en Abanderado Grandoli de Rosario; Julián Álvarez en el Club Atlético Calchín de Córdoba; Lautaro Martínez en Liniers de Bahía Blanca; Rodrigo De Paul en Belgrano de Sarandí; Enzo Fernández en La Recova de Villa Lynch; Alexis Mac Allister en el Club Social y Deportivo Santa Rosa de La Pampa; Thiago Almada en Santa Clara de Fuerte Apache; Giovani Lo Celso en Renato Cesarini de Rosario; Exequiel Palacios en Jorge Newbery de Famaillá; Nicolás González en Villa Dálmine de Escobar; José Manuel López en San Lorenzo de Corrientes; Lisandro Martínez en Libertad de Gualeguay; Cristian “Cuti” Romero en San Lorenzo de Córdoba; Facundo Medina en Los Gauchitos de Villa Fiorito; Gonzalo Montiel en El Tala de González Catán; Nahuel Molina en el Club Embalse; Nicolás Tagliafico en Villa Calzada de Almirante Brown; Nicolás Otamendi en Villa Real y Barrio Nuevo de San Fernando; Gerónimo Rulli en Regatas de San Nicolás; Juan Musso en el Ateneo Popular de La Plata; Emiliano “Dibu” Martínez en General Urquiza, Talleres y San Isidro de Mar del Plata; Valentín Barco en el Club Atlético Sportivo de 25 de Mayo; y Leonardo Balerdi en Jorge Newbery de Villa Mercedes.