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La trampa del Estado digital: cuando la fotocopia es un PDF

Por Nicolás Pstyga

Digitalizar no es sinónimo de innovar. De hecho, muchas veces el Estado «digitaliza» solo para replicar en pantalla los mismos vicios de la burocracia tradicional.

Mi crítica no es contra la burocracia como concepto, la burocracia es necesaria, da orden y previsibilidad.

Mi crítica es contra la burocracia inútil. Esa que exige pasos innecesarios, requisitos absurdos o verificaciones duplicadas que solo alejan al Ciudadano del Estado.

Es momento de «Hackear el Estado». Cuando hablo de «hackear» no me refiero a algo ilegal. Me refiero a hacer los ajustes necesarios para que lo público funcione mejor. A ser respetuosos con las normas, pero rebeldes con los usos y costumbres.

En el Estado, ser un hacker es animarse a hacer preguntas incómodas. Es no aceptar como respuesta frases como «esto siempre se hizo así». Porque modernizar el Estado no es perder poder: es ganarlo.

Un funcionario que construye un Estado ágil, eficiente y claro no solo gestiona mejor: gana autoridad, respeto y legitimidad ante la Ciudadanía. Innovar en el Estado da miedo.

Es el instinto de auto preservación. Cambiar implica riesgos, y en política el error cuesta caro. Pero lo que algunos funcionarios no advierten es que no innovar también tiene un costo. Y suele ser mucho más alto. Por eso, para hackear el Estado de manera realista y sostenible, no alcanza con buenas intenciones.

Tenemos que construir equipos que sepan prever los riesgos y que no abandonen el proceso cuando vienen los primeros problemas.