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Messi, última llamada

Por Marcelo Gantman

Campeón del mundo en 2022 y finalista por segunda vez. Este Mundial consolida la nueva era del deporte: es la última oportunidad para observar cómo un futbolista único se convierte en leyenda.

Con los futbolistas argentinos todavía en la cancha, exhaustos y felices por haberle dado una lección de coraje a Inglaterra, The Athletic echa a andar un posteo donde promociona un artículo en el que ubica a Messi a la altura de Michael Jordan y Tom Brady como iconos de sus deportes. Cuando todavía queda un último acto de Messi, en su Mundial número seis, con tres finales conseguidas y ya con 39 años, esa inquietud periodística nos pone en situación con respecto a la dimensión de Messi como figura y al seleccionado argentino como equipo de otra categoría.

Un Mundial en Estados Unidos, con México y Canadá como socios minoritarios del emprendimiento, significaba entre otras cuestiones terminar de entender de qué se trataba el consumo del fútbol global en este país. Como si fuera una cultura trasvasada a otro recipiente, con el aroma de algo prestado.

Que el asunto esté cerca de terminar y la cultura deportiva de Estados Unidos vea si pone el jarrón Messi junto a Jordan y Brady, nos habla de un éxito total del fútbol como la plataforma definitiva del espectáculo deportivo. Messi camino a los 40 años logró que el futbol venciera y se imponga, ante la posible duda por el resultado de esta aventura.

Las crónicas periodísticas también hablan de otro “late comeback” del equipo de Lionel Scaloni. Una nueva definición favorable de un grupo que pulveriza rivales cuando el reloj ahorca y el tiempo escaso se convierte en todo lo que la Argentina precisa, para conseguir sus goles que son como besos de la muerte.

Si los Mundiales son coreografías deportivas, para que los países “combatan” entre ellos de un modo simbólico, la Selección Argentina en el Mundial 2026 es un prodigio táctico de una guerra moderna con las reglas del fútbol. Messi, su Cid Campeador, al que se lo quitamos por un rato a la literatura de España, el próximo rival.

Vamos a los datos para que esto no sea únicamente emocional ni totalmente subjetivo. Miremos el Match Momentum del partido. La imagen se acompaña con más información que da una perspectiva completa: desde el gol de Inglaterra y hasta el segundo gol argentino, el equipo inglés tuvo solo el 12 por ciento de la posesión de la pelota. Una rendición táctica y un error de un técnico que parece que no vio otros partidos durante el Mundiak: Tuchel creyó que Argentina sería manejable como México.

La Argentina entonces tuvo el 88 por ciento de la posesión en ese lapso. Fueron 266 pases contra 38 de los ingleses y como producción diez tiros al arco, de los cuales dos fueron goles y otros dos pegaron en los palos. Inglaterra ganaba y puso seis defensores. No atacó más y tampoco se defendió.

Si un entrenador como Tuchel quiere el fútbol para eso, no está mal que el propio fútbol le de una lección a partir de una propuesta de un equipo que no le teme al resultado en contra. Tuchel uso el resultado a favor para escaparle al fútbol; Argentina en cambio hizo de la desventaja un motivo para darle sentido virtuoso al juego.

Argentina-España: bienvenidos al último show

España es un finalista del Mundial sin reproches. Alcanzaría con decir que Rodri es el futbolista con mayor cantidad de pases completados en la historia de los Mundiales desde que se analizan métricas en 1966. Un metrónomo del juego que hace del trato cordial de la pelota un acontecimiento productivo.

El partido de España contra Francia fue otra lección táctica para desactivar la amenaza de tormenta eléctrica de futbolistas como Mbappe, Dembelé y Olise.

Las métricas y los gráficos de Opta son elocuentes para mostrar con un par de ejemplos todo lo que España hizo bien. En primer término esta visualización de cuáles fueron las zonas de control de España en el partido y cómo se observa claramente que Francia no tuvo espacio para activar sus ataques.

Los datos de Opta indican que Messi emergió de la semifinal con asistencias para dos goles (una de ellas con la pierna derecha) y nueve gambetas concretadas. Es el único futbolista con esas métricas en un partido eliminatorio de Mundial desde 1966. Son números que se superponen, como los adhesivos en las heladeras que nunca se quitan, y que le dan sentido métrico a su carrera futbolística.

Las estadísticas cobran vida cuando vemos que en un momento del partido contra Inglaterra intentó hacer la jugada del segundo gol de Maradona a Inglaterra en 1986, como si hacer eso fuera un llamado de la naturaleza de los elegidos de este juego. O una misión divina que conecta con otro Mundial hace 40 años.

Messi tendrá el domingo su acto final. Esta es la última llamada para ejercer el bonito arte de la apreciación, si es que alguien por algún motivo oculto todavía no lo hizo y vaya uno a entender por qué. Acá es donde deberíamos decir “siendo Messi, nunca se sabe si este será su último Mundial”. Pero no tengo problemas en afirmarlo: su Last Dance es el domingo contra España. Debe haber preocupación en ese campamento y está más que justificada.