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Salamone: patrimonio mundial

Por Fabio Grementieri

Francisco Salamone fue el arquitecto que trazó, en apenas cuatro años, un mapa de monumentos desmesurados: torres, portales y mataderos que mezclan futurismo, poder y una estética única en la pampa. Su obra, declarada Patrimonio Cultural, tan breve como intensa, sigue invitando a pensar cómo el Estado de los años 30 buscaba representarse a sí mismo.

Poco antes de estallar la Segunda Guerra Mundial florece en las pampas el art déco más insólito de la Argentina -y quizá del mundo- de la mano de Francisco Salamone, quien diseña y construye más de sesenta obras entre 1936 y 1940, Se trata de municipalidades, plazas, mataderos, portales de cementerios en diversas localidades de la mitad sudeste de la Provincia de Buenos Aires.

Este insólito y magnético universo está en ciudades y pueblos como Azul, Laprida, Pellegrini, Rauch, Carhué, Guaminí, Coronel Pringles, Tornquist, que ostentan piezas de esta colección signada por un estilo indefinible. Es que Salamone, un típico argentino del siglo XX, parece no tener prejuicios. Ni políticos ni formales. Puede tomar y combinar todo lo disponible del supermercado europeo y americano. Expresionismo alemán, futurismo italiano, decorativismo francés, neoplasticismo holandés, constructivismo ruso, efectismo hollywoodense.

Las formas que en Europa eran signos de aspiraciones artísticas, sociales o políticas revolucionarias o reaccionarias, aquí parecen licuar sus significados transformándose en puro lenguaje “remasterizado”. Inquietante condición pre-posmoderna como tantas manifestaciones de la cultura argentina de la época.

El mítico suelo pampeano era fértil. Como en el campo de la botánica, todo podía brotar y florecer en las pampas. Y Salamone era un jardinero desbocado, un alquimista especializado en transgénicos arquitectónicos fascinantes. Todo un futurismo operístico en clave de itálica locuacidad.

En la mentalidad argentina cabía todo un imperio europeo imaginario al que podía adosarse también los Estados Unidos. Probablemente he ahí la clave de la seducción que Salamone hizo del espíritu nacionalista y megalómano del Gobernador Fresco.

Los mataderos parecen gabinetes de películas expresionistas donde los faenadores son aprendices del Dr. Caligari. Y las municipalidades, más allá de reverberar el ancestral ayuntamiento con torre y reloj, parecen bases de operaciones, plataformas de despegue o palacios de películas de Flash Gordon.

En la placidez de ciudades y pueblos hechos de ladrillos y hierro, de alambrado y tierra, donde reinaba el estilo inglés ferroviario o el clasicismo de los albañiles italianos, las nuevas formas irrumpían cubiertas de la familiaridad del revoque símil piedra que, desde 1900, maquillaba siempre las fachadas urbanas de cierta pretensión. Pero, además, el gran sustento de las obras de Salamone era el hormigón armado, esa mágica piedra líquida, disponible por la alquimia del cemento de las cercanas canteras de Olavarría, el agua pampeana y las armaduras de hierro.

Este material y su desarrollo formal y tecnológico constituyó toda una cultura arquitectónica en la Argentina de entreguerras que produjo un rico patrimonio monumental: silos, caminos, puentes, tanques de agua, fábricas, usinas, frigoríficos. La “felliniana” obra de Salamone se inscribe en la “era del cemento” en las pampas y descuella como la de Miguel Ángel en el Renacimiento. Brilla también dentro del panorama internacional del patrimonio art déco.

Valoración, proyectos y obras

Dentro de la lista de Monumentos Históricos Nacionales, ningún autor tiene tantas obras consagradas como nuestro mítico Salamone. Son cuarenta y cinco construcciones protegidas por el Decreto 1138 de 2014. Un sistema patrimonial lanzado al ruedo por el crítico Ed Shaw en 1997 y a partir de allí estudiado por distintos profesionales como Alberto Bellucci, René Longoni, Juan Carlos Molteni, Héctor Novacovsky, Felicidad Paris Benito; retratado por cineastas como Mariano Llinás y Ezequiel Gilbert; presentado en programas o series especiales; publicado en imágenes como las de Martín Aurand; y fotografiado y posteado a rabiar por cazadores de instantáneas nacionales y extranjeros que surcan sin piedad la Ruta de Salamone.

En casi treinta años de descubrimiento de este irresistible Palladio Pampeano, de quien siempre se espera encontrar una obra ignota, hubo una carrera frenética por descifrar sus enigmas, comprender sus fantasías y encasillar su ideología, todo sin suerte, afortunadamente.

A nivel provincial, una visión obsesivamente centrada en la gestión cultural construyó centros de interpretación en Azul, Laprida y Saldungaray: arquitectura nueva disruptiva, problemática en su mantenimiento físico y administrativo y el imperdonable pecado de no haber reutilizado los frágiles y decadentes mataderos para instalar estos imprescindibles paradores, fueron una oportunidad perdida.

Sin embargo, en este panorama neblinoso apareció el destello de una operación tangible e intangible fantástica: el Centro Cultural Salamone instalado dentro de la excelente restauración y reciclaje del Matadero de Balcarce a la que se acopló la institución de los Encuentros Salamónicos; todo bajo la advocación de una Gran Musa: Ana Ramos, quien sigue señalando el camino y convocando a transitarlo.

Sobre la base de este gran trabajo, la Comisión Nacional de Monumentos, de Lugares y de Bienes Históricos, bajo la inigualable dirección de Teresa Anchorena, lanzó en 2020 -en tándem con el Ministerio de Obras Públicas de la Nación- el Programa “Salamone, Manos a la Obra” para encarar proyectos y obras de restauración y puesta de valor en monumentos y sitios de distintos partidos de la provincia.

Así se realizaron innumerables reuniones-seminarios virtuales entre especialistas de los organismos nacionales citados y funcionarios, administradores y técnicos de varios municipios para definir criterios y estrategias de intervención comunes. Todo complementado con misiones de expertos que trabajaron con profesionales y trabajadores municipales para completar relevamientos, realizar cateos y pruebas de restauración en distintos edificios. Para así llegar a confeccionar los distintos proyectos con sus pliegos y asignar las partidas para las obras que en parte se llevaron a cabo pero que las crónicas discontinuidades argentinas impidieron completar y continuar.

La fantástica obra de Salamone es un recurso cultural y turístico fundamental para los municipios, para la provincia y para nuestro país. A la par de la soja y el lomo, del petróleo y el litio. Los extranjeros aúllan frente a las fotos de la obra de Salamone y se desmayan cuando están frente a ellas. Así tuvimos oportunidad de comprobarlo anfitriones y huéspedes cuando una sección de la “Ruta Salamoniana” fue parte fundamental del 15º Congreso Internacional Art Decó realizado en Buenos Aires en noviembre de 2019 y que reunió a doscientos participantes de más de 15 países.

De regreso a sus bases, la Comisión Directiva del ICADS (International Council of Art Deco Societies) nos escribía insistentemente para ver como podían colaborar en la postulación de la obra de Salamone a la Lista de Patrimonio Mundial de la UNESCO. Vino la pandemia y un nuevo quiebre… Ojalá podamos jugar ese Mundial (en el que ya tenemos varios títulos) y ganarlo nuevamente. El arquitecto-ingeniero Salamone es Maradona y Messi juntos así que las dos hinchadas van juntas. ¿Dónde está el técnico?