Un Diego en cada barrio, una cancha que no sea de barro


Por Tatiana Miculán

“El Diego del pueblo” fue, es y será la ilusión de pibes y pibas que juegan a la pelota en el potrero del barrio, en ese terreno baldío que transformaron en canchita con el deseo de convertirse alguna vez en Maradona. ¿Pero qué pasa cuando el deseo se queda en ilusión y no están garantizadas las oportunidades necesarias? De Villa Fiorito a todos los barrios populares del país, un newsletter sobre derechos básicos incumplidos, otra forma de analizar a Maradona.

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No soy Maradoniana, no llevo el fútbol a flor de piel, no podría escribir desde el lado de todos esos sentires y emociones que genera “D10s”, desde esa idolatría o fanatismo. Por eso, dejo que empuñen la palabra aquellos que por sus venas les recorre Maradona, su fútbol y su historia, porque creo que solo desde los que sienten y han vivido/escuchado esa magia y mística futbolera pueden hablar sobre Él sin frenar en contradicciones.

Ahora bien, es inevitable analizar a Maradona desde la cultura popular, “Maradona es pueblo” se ha escuchado en innumerables testimonios durante estos días. Y es ahí en donde quiero frenarme, en el Diego que salió de Villa Fiorito, que vivió en primera persona las carencias de vivir en un barrio popular, pero no desde su historia personal sino desde tantas otras que se le asemejan, le hacen eco y se esconden detrás.

Entonces este fenómeno mundial, que es la vida y muerte de Maradona, nos hace frenar y pensar en esas carencias y en la falta de oportunidades, nos hace reflexionar sobre cuántos Diegos puede haber en los barrios populares de nuestro país y que por falta de oportunidades solo quedan en una ilusión, más allá de la obvia razón que tiene que haber talento.

¿Pero cómo se puede pensar en el talento sin oportunidades? ¿Cómo trascender la mera ilusión de ser como el Diego? Que su historia nos ayude a repensar la realidad que se vive en los barrios populares de todo el país y, específicamente, en los aproximadamente 188 barrios populares que hay en La Plata, Berisso y Ensenada, según un registro del RENABAP de 2018.

¿Por qué nuestros pibes y pibas del barrio tienen que embarrarse hasta las rodillas hundidos en la ilusión sobre un terreno baldío que usan de canchita, si tenemos leyes para transformar esa ilusión en oportunidad? 

En tal caso aquí, detenernos en dos cuestiones, primero profundizar en la ley 27453 de Integración Socio-Urbana para repensar los espacios que transitan las chicas y los chicos en los barrios populares, que entre tantas otras acciones propone el acceso a los servicios y equipamiento social y de infraestructura, el tratamiento de espacios libres y públicos y la accesibilidad y conectividad.

Garantizar la integración socio-urbana de los barrios populares significa, entre tantas otras cosas, entender el conjunto de aspectos que impiden el acceso al deporte social de chicos y chicas, desde no contar con un espacio deportivo gratuito cerca, hasta las complicaciones de transitar las calles para llegar o la falta de equipamiento en estos espacios y, a la vez, también el acceso a más disciplinas deportivas

El segundo aspecto es reivindicar Los Juegos Evita de donde nació la magia futbolera de Diego Maradona a través de “Los Cebollitas”, equipo con el cual ganaron ese campeonato en 1974. Los Juegos Infantiles Evita surgieron en 1948 impulsados por Eva Perón y el ministro de Salud Ramón Carrillo, como una herramienta de inclusión y promoción social. Los Evita significaron que por primera vez niñas y niños del país accedieran al deporte social y a la salud, a través de revisaciones médicas. Con el paso del tiempo, Los Evita se extendieron más allá del fútbol a otras disciplinas y deportes adaptados.

En este sentido, con Los Evita y la historia de Diego, queda a la luz la importancia de la promoción del deporte y la necesidad de volver a retomar ese primer incentivo por los cuales surgieron los Juegos, que es nada más y nada menos que el deporte alcance a todo el país y llegue a los barrios populares. Por eso, hay que hacer hincapié en la implementación de políticas públicas que acerquen los deportes a las chicas y los chicos de los barrios populares, que se planteen ayudas económicas a los clubes de barrio y planes de promoción del deporte social para que la ilusión sea realidad.

Es vital repensar la importancia social del deporte en los y las jóvenes de los barrios populares y extender la inclusión a más disciplinas, como así también repensar esos espacios públicos, esas canchitas de barro donde alguna vez pateó la pelota un Diego, esos lugares de apropiación de los jóvenes y garantizar, a la vez, una cancha que no sea de barro, un espacio de ocio para los jóvenes de los barrios populares, una plaza con juegos y espacios verdes, un acceso justo al hábitat para todos y todas.

Que haya un Diego en cada barrio y una cancha que no sea de barro. Pero ahora retruco el título del newsletter: que sean muchos Diegos y que los Diegos sean Alejandros, Agustinas, Fernandos, Camilas, Carlos, Antonelas, Matías y todos los nombres de niños y niñas que puedan ver en esa ilusión de ser como el Diego oportunidades de acceso reales.

Si el “Diego del pueblo” se caracterizó por las luchas populares, entonces cuando merme el dolor será cuestión de que salgan a la cancha los titulares, aquellos que tiene un poder político-económico de cambiar la realidad.

Salir a la cancha, volver a transpirar la camiseta y patear la pelota para que este partido lo ganen las pibas y los pibes de los barrios populares.  Que la ilusión sea oportunidad, y que el acceso al deporte social y a los espacios verdes en los barrios populares se haga realidad.