¿Dónde están les que faltan?


Por Agustina Andrade | Ilustración Agustina Fimiani

“No queremos ser más esta humanidad”, dice Susy Shock. Fue lo primero que se me vino a la cabeza cuando leí el nombre de Tehuel en un cartel.

Cuando un pibe o una piba trans son titulares, siempre está cargado del sabor amargo de la angustia, la rabia, la incógnita, la injusticia. Me pregunto si alguna vez serán noticia o si sus rostros y sus nombres recorrerán el país por otras cosas. Si esta humanidad, de la que Susy Shock se quiere despojar, algún día será un lugar menos hostil, más habitable para las disidencias.

¿Cuántas personas trans conoces en tu trabajo?

¿Cuántas ves en la televisión?

¿Cuántas personas trans cantan las canciones que escuchas?

¿Cuántos libros de tu biblioteca están escritos por una persona trans?

¿Cuándo las personas trans dejarán de ser población de riesgo dentro de este mundo salvaje que, cuando no nos expulsa del sistema, nos desaparece? Nos quieren exterminar porque no nos pudieron disciplinar. ¿Hasta cuándo vamos a naturalizar que para la justicia y para los medios haya vidas más valiosas o más dignas de protección que otras?

Hace 46 días Tehuel salió de su casa para ir a una entrevista laboral en un bar que, se supo después, nunca existió.

El 11 de marzo Tehuel salió de su casa a buscar una oportunidad de salir adelante.

Hace más de un mes, un pibe trans de 22 años salió a buscar un futuro mejor para él y su familia, y no volvió.

En las sombras de todo lo que nos duele, siempre termina moviendo los hilos el patriarcado. ¿Qué hay peor que una mujer? El hombre que traiciona su masculinidad, que la niega, la cuestiona y la padece. Y peor que todo eso, es una persona que reinventa la masculinidad persiguiendo los propios deseos de su identidad.

Los hombres trans y no binaries sufrimos una invisibilización enorme. Pareciera que, por sentirnos parte de la masculinidad, por ser masculinidades, por elegir vivir nuestra identidad mereciéramos llevar en la espalda los siglos y siglos de machismo y patriarcado que sometieron a las feminidades históricamente. Muches parecen olvidar que nosotros y nosotres fuimos asignados mujeres al nacer, que crecimos con numerosas de esas opresiones y las vivimos en carne propia, también atravesadas por interseccionalidades como territorio y clase”, dice Gaita Nihil para Anfibia.

Nos brota el dolor y la rabia de sentir qué furtivos quedan nuestros reclamos ante la sociedad que mira para otro lado cuando nos falta unx pibx trans. Nos pesa la falta. La falta de Tehuel en su casa, la falta de personas trans en lugares de representación, la falta de oportunidades y la falta de información. Nos pesa la falta de todxs lxs que no volvieron a sus casas, o a sus trabajos. Los rostros que se transforman en nombres que levantamos en carteles para pedir justicia. Nos pesan los nombres que no sabemos, porque nadie nos habla de ellxs.  

Necesitamos urgente una reforma judicial feminista de la que se despoje toda naturalización hacia la violencia institucional. Es inminente la implementación y el cumplimiento de la Ley Micaela en los medios de comunicación para garantizar el derecho al pleno acceso a una información responsable, inclusiva y, sin dudas, con una fuerte perspectiva de género.

Necesitamos que nunca más se ponga en tela de juicio el valor de nuestras vidas. Merecemos vivir, pero, sobre todo, merecemos vivir vidas dignas de ser vividas.