El monstruo de Cristina


Por Agustina Andrade

A lo largo de la última década, hemos visto en la enorme mayoría de los medios de comunicación un hostigamiento directo y explícito a Cristina Fernández de Kirchner, que se intensifica año tras año y deja a las claras ser mucho más que una opereta política del antiperonismo: es un ataque violento y profundamente misógino de la derecha más recalcitrante de nuestro país. Además de ser una lucha ideológica, es de género: jamás perdonarán que una mujer haya puesto en agendas muchas discusiones que estaban postergadas, que les haya dado tantos derechos a los sectores más marginados y, fundamentalmente, que haya sido la primera mujer electa, dos veces presidenta por el voto popular, la persona que más veces ganó elecciones, y conductora indiscutible del arco peronista.

El lunes 12 de octubre, Clarín publicó una nota con la dirección de su domicilio personal llamando a la oposición a manifestarse en la puerta de su casa previo a la movilización. Este hecho es sumamente peligroso porque, además de incitar a la violencia es una clara amenaza que atenta no solamente con su libertad personal, sino también con la democracia y la unidad que el gobierno del Frente de Todos convocó para que el país vuelva a funcionar.

En su libro Sinceramente (2019), en el capítulo que llamó Después de convertirme en calabaza, expresa: “Esto de los medios de comunicación inventándome amantes o novios no tiene que ver sólo con la misoginia, sino también -y fundamentalmente- con la ideología política. (…) Se construye un estereotipo como sentido común, en el que las peronistas o populistas somos todas ‘locas y putas’ y las liberales son todas ‘buenas y puras. Es muy claro y muy burdo, pero lamentablemente eficaz. Los que desarrollan este tipo de estrategias de comunicación política pivotean sobre los prejuicios de una sociedad absolutamente mediatizada”.

Las mujeres con posiciones de poder y toma de decisiones incomodan a la sociedad patriarcal que nos quiere en la penumbra del ámbito privado: el hogar y la familia. Si una mujer decide y logra tener una carrera profesional, (siempre en desventaja por diversos factores), están bien vistas solamente en algunas disciplinas o cargos inferiores a un hombre, pero nunca seremos aceptadas en el poder, porque significa un acto de rebeldía en el que rompemos con lo establecido y cuestionamos el rol que históricamente se nos ha asignado.

En este caso, la política y la función pública históricamente han sido espacios hechos por y para hombres y, si bien la lucha feminista ha ido ganando representatividad, la disputa de poder sigue siendo un lugar profundamente incómodo que no debe ser claudicado. Una gran conquista del colectivo en el último mes fue la asunción de la diputada feminista Alcira Figueroa, que reemplazó al diputado Juan Ameri en el Congreso de la Nación tras los escandalosos hechos durante una sesión que dejaron a la legua su poco respeto tanto a las mujeres como a su responsabilidad en el parlamento. Esta victoria está atravesada por otra conquista del feminismo como lo fue la Ley de cupo y paridad de géneros.

Si hiciéramos una lista de las cosas que se han dicho de Cristina sería tan extensa que nos llevaría días, y aun así no terminaríamos porque el ataque no cesa. Desde referirse a ella como la yegua, a cuestionar su título universitario de abogada, a decir que mató a su compañero Néstor Kirchner por “no soportar compartir el liderazgo”. Una oposición a la que no le tiembla el pulso a la hora de referirse a la actual vicepresidenta de maneras violentas y despectivas. Lo hemos visto por ejemplo cuando Mauricio Macri, aun siendo presidente, se refirió a Cristina como una persona que hace locuras. Ella no tardó en responder la frase que poco después sería icónica: “Tratar de loca a una mujer… típico de machirulo”. La opinión pública creó en torno a su imagen un estereotipo de mujer con hambre de poder, dinero y joyas, y le desterraron su humanidad, como si fuese simplemente un blanco al que hay que disparar.

Pero si hablamos de tapas que expresan su profundo odio hacia la conductora política, no podemos dejar de hacer referencia a los repudiables titulares de la Revista Noticias que la muestran como una persona psiquiátrica y bipolar, con ilustraciones de la, en ese entonces, presidenta de la Nación, teniendo un orgasmo debido a su “deseo desmedido de poder”. Estas imágenes no solamente incitan al odio, sino que también la sexualizan, porque una mujer no puede siquiera ejercer su cargo como jefa de Estado sin ser cosificada y erotizada para el deseo -sin consentimiento- del sexo masculino. Y no está destinado a cualquier varón cisheterosexual: está dirigido a aquel sector que la defenestra, y que expresa su odio ultrajando su intimidad, queriendo lograr así una violación simbólica de su cuerpo y su deseo.

El patriarcado educa al hombre para dominar a la mujer con violencia sexual cuando se siente inferior a ella. En otras palabras, muestran que “no podés desear poder, sos mujer y tenés que desear a un hombre, subordinarte a él. O a todos los hombres del país que presidís. Si no podemos gobernarte políticamente, vamos a gobernar tu sexualidad”. 

El sociólogo francés Pierre Bourdieu en “La dimensión simbólica de la violación“, expresa a la violación como parte de una estructura de subordinación simbólica, y llama a este tipo de fenómenos como una “violación alegórica”, donde no se efectúa el acto consumado, pero sí la escenificación del mismo sin el consentimiento del otro.

No hace falta ahondar en lo que pasó con el cuerpo de Evita para saber que simbólicamente lo mismo han querido hacer con ella, pero jamás lograrán manchar el nombre que ha ganado en la historia de nuestro pueblo. Al igual que a Cristina, nunca la perdonarán por ser la abanderada de lxs humildes, por haber cuestionado los privilegios de los más poderosos y poner en el escenario social a las clases populares. Los mismos sectores que en el ’52 escribían “viva el cáncer” tras su paso a la inmortalidad, hoy dicen que Cristina es “el verdadero cáncer de Argentina”.

Pero no es necesario irse al periodismo más nefasto de nuestro país para entender la obsesión que tienen con Cristina por su condición de mujer. Basta con ver las críticas que se le hacen: que su tono de voz es autoritario, que es ambiciosa, que se pinta como una puerta, que usa carteras demasiado caras, y más. A ningún otro candidato o funcionario le han exigido tantas respuestas y justificaciones como a ella e incluso también a su hija Florencia, quien aun habiendo elegido destinos muy diferentes a la política para su vida es perseguida hasta costarle su salud física y mental.

Pero si bien el trasfondo de la persecución es patriarcal, las herramientas que utiliza el antiperonismo más obstinado no son solamente mediáticas, también son judiciales. Escuchas ilegales, allanamientos inconstitucionales con secuestro de pertenencias personales, inventos de asociaciones ilícitas, y fuga de dinero son solo algunas de las causas que le han querido armar, pero hace años que cada vez que la indagan, sólo salen a la luz más papeles flojos de la oposición. “Vinieron a buscar la ruta del dinero K y se encontraron con la ruta del dinero M. Me pueden citar 20 veces más, me pueden meter presa, pero lo que no pueden hacer es hacerme callar”. Expresó ante una multitud en el 2017 durante el macrismo.

Sin duda la obsesiva operación contra Cristina se alimenta de un pilar fundamental: el miedo de la derecha ante la mayor líder del movimiento popular contemporáneo de América Latina. Pero esto comenzó mucho antes de la llegada de los Kirchner a la Casa Rosada. A inicios de la década de los 2000 ya se hablaba de que había “una rebelde en el senado” por cuestionar las lógicas de la política de ese momento. Desde ahí, Cristina estuvo en la mira de los monopolios mediáticos, principalmente el Grupo Clarín.

Así se explica que instalen odio y miedo hacia una mujer que viene a romper todas las lógicas culturales: por primera vez después la dictadura teníamos cuadros políticos que nos explicaban que la política no debía estar relegada a unxs pocxs; que lxs jóvenes no somos el futuro, sino el presente del que hay que hacer bandera; y principalmente que todxs tenemos derechos y que vale la pena luchar por ellxs.

Una mujer que nos habla de nuestras raíces, reivindica nuestros pueblos originarios, mantiene la memoria de nuestra historia. Una mujer que fue presidenta, que es lideresa, que nos habla a lxs que nunca antes nos habían hablado. Nunca le perdonarán haberles devuelto la dignidad a miles de argentinxs.

Entonces sí, hay que tenerle miedo a Cristina. Porque se necesitan muchos ovarios para rebelarse contra las injusticias de un mundo desigual para empoderar a lxs que siempre fueron olvidadxs. Es necesario utilizar el mecanismo de crear un monstruo y convencer a la sociedad de que se robó todo porque puso en jaque el uso y abuso de los hombres en el poder.