Ni una menos: hasta que toda América Latina sea feminista


Por Agustina Andrade | Ilustración Agustina Fimiani
 

El movimiento Ni Una Menos nació en el año 2015 en una movilización en contra de los femicidios y las violencias hacia las mujeres. Año tras año, ha ido transformando sus consignas según los diferentes contextos y discusiones que se atravesaban, y se ha ido fortaleciendo ganando cada vez más visibilidad en el espacio público. Es un movimiento que ha sabido hacer resistencia al gobierno neoliberal de la alianza Cambiemos y que, en los últimos dos años, nos encuentra con el primer Ministerio de Mujeres, Géneros y Diversidad. Sin duda, una de las más grandes conquistas del feminismo en los últimos años de nuestro país.

A pesar de que el contexto de pandemia y aislamiento social nos imposibilita encontrarnos en las calles, celebramos los derechos ya conquistados, y seguimos de pie en la lucha por los que faltan conquistar.

Elevamos nuestra voz por todas las injusticias, las violencias y las opresiones hacia nuestros cuerpos, nuestras identidades y nuestras vidas. Aquellas que tantas veces nos hicieron creer que no tenían valor, o que valían solo si eran dedicadas a alguien más. Nos imponemos ante la cultura cis heteropatriarcal; a la maternidad obligatoria; al binarismo, que nos silencia y nos encasilla; a los parámetros de belleza hegemónica y colonizada que nos vende una figura inalcanzable para el consumo masculino; a las desigualdades laborales, salariales, políticas, etc. Nos imponemos ante la competencia entre nosotras para la que nos educaron y la resistimos sabiéndonos hermanas y compañeras de lucha; nos imponemos también al discurso del amor romántico, al closet y a la hoguera. Nos imponemos ante todas las estructuras que nos digan quiénes, cómo, qué y dónde debemos ser.

Reafirmamos nuestro compromiso para que nunca más las mujeres y las disidencias suframos las imposiciones de la cultura machista y misógina en la que estamos insertas, y que en cada lugar que transitamos, nos sintamos libres de ser quienes y como queremos ser. Hace 83 días nos estamos preguntando: ¿Dónde está Tehuel? Exigimos su inmediata aparición con vida y esclarecimiento de su búsqueda.

Resulta indispensable la realización de profundos cambios para erradicar las desigualdades y los hábitos misóginos en los lugares que transitamos, como también construir prácticas colectivas clave para lograr una transformación social con perspectiva de género y enfoque de derechos. Por eso creemos que es urgente luchar porque la reforma judicial feminista sea una realidad efectiva, queremos la efectiva implementación de la ley IVE y la Ley de Parto Respetado; como también creemos que es necesaria mayor participación política para seguir transformando nuestra Patria, hasta que toda América Latina sea feminista.

Y así como sabemos que aún quedan muchos derechos por conquistar y porque entendemos que el feminismo no es algo estático en el tiempo, sino que es dinámico a los cambios culturales, las necesidades coyunturales y las demandas sociales, está claro que las discusiones nunca están saldadas: es necesario preguntarse y rediscutir todos los saberes instalados y las prácticas cotidianas. Este fue el primer Ni Una Menos con aborto legal, seguro y gratuito. Entonces es, sin dudas, un país muchísimo más justo que hace un año atrás. Celebramos esa victoria como una deuda de la democracia con la emoción de saber que tenemos un Estado presente que entiende nuestras demandas como políticas de estado de las que tiene que hacerse carne y demostramos, una vez más, que este colectivo feminista va por todo, que estamos más fuertes que nunca y que no vamos a parar hasta que el mundo sea como lo soñamos. Cuando el daño es patriarcal, la sanación es feminista.